Así como a veces pasan cosas que te obligan a cambiar el rumbo de tu vida, también pasan cosas que te hacen preguntarte, ¿para qué seguir si todo da lo mismo? La vida suele ser incomprensible aunque es muy repetido eso de que "todo pasa por algo".
Pero la verdad es que si te sientas junto al camino, cómodamente sin intentar participar, te perderás no haber vivido lo suficiente, te perderás de no llevar contigo las heridas de guerra que carga consigo el que luchó por lo que creyó que valía la pena.
Y esas heridas de guerra son las que dan todo el sabor y la fuerza de haber resistido y haber salido adelante victorioso.
No todo son buenas experiencias, y para reconocer la dicha, primero hay que sentir el dolor, la incertidumbre, la duda. Para conocer la embriaguez del triunfo hay que pasar por toda una gama de situaciones; Quien teme arriesgar, pierde de conocer las más grandes emociones y si es esa tu situación tienes una gran deuda con la vida.
Sin duda que cada uno tiene un plan designado al llegar a este mundo, lo difícil es reconocerlo y aprender la manera de llevarlo a buen fin.
















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