Una adolescente se saca una foto o se filma en actitud seductora, semidesnuda o desnuda y lo envía por mensaje multimedia al celular de un adolescente. Él lo reenvía a sus amigos con o sin su consentimiento y ellos lo difunden por las redes sociales por sitios web o por chat. Así funciona el “sexting” (viene de sexo y texting “mensajera” en inglés).
Es la última moda entre los adolescentes y las nuevas tecnologías de comunicación que parece un juego pero tiene sus riesgos.
El sexting puede traer problemas emocionales en los jóvenes, ellos no sienten el peligro de las nuevas tecnologías porque nacieron con ellas y se imitan a través de éstas.
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Los vínculos amorosos son dinámicos debido, en parte, a que son influenciados por las modificaciones en la actividad neuronal correspondientes al paso del tiempo. Efectivamente, con el transcurso de la convivencia, nuestro estado de alerta ante el potencial peligro o la novedad que inicialmente representaba el ser amado, se ha ido reduciendo en forma natural. Como nuestro cuerpo no puede absorber cantidades ingentes de dopamina y norepinefrina – que son las que producían las emociones de anticipación gozosa y ansiedad privativas de los primeros estadios - van disminuyendo sus efectos e inexorablemente decae la intensidad de nuestras reacciones bioquímicas. Se han calmado nuestros deseos más apremiantes, el predominio de la obsesión, euforia, manía y ansiedad ha sido paulatinamente reemplazado por otros sentimientos tales como bienestar, placidez, comodidad, adaptación, pertenencia y seguridad; aunque, por otro lado, tanto el romanticismo como lo irracional han ido perdiendo fuerza y ya no estamos tan ciegos a los defectos del otro, apareciendo asimismo diferencias de gustos y de intereses.










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