Escribir historias, historias que tengan que ver con la vida, que a veces suele ser como un sueño, como un sueño alado que se escapa de nuestras manos y de la razón. Historias de vida y dolor, como la del vagabundo aquel que pasa ante los ojos indiferentes de todos como silueta fantasmagórica, lejana, y fría como la muerte misma.
¿Qué importan las historias que de él se cuentan? - que fue un hombre de buen nivel, con una exigente profesión, que tuvo familia y posición social, exitoso, feliz, y arrogante ¿Si adoptó pertenecer al más bajo escalafón, si prefirió el anonimato y la pobreza? - Abandonó su mundo y partió lejos, se hundió en la más feroz miseria, en la mínima libertad del que vive sin horarios, ni leyes, las normas ya no existieron más. Así, su vida tuvo el giro que él buscó. Cada día es suyo, las calles por donde transita, son todas suyas, es un anónimo miserable rodeado de otros que son sus iguales, marginado pero sin exigencias.
Sus días todos iguales no conocen el apuro. No necesita nada, ni nada espera, su paso por cualquier calle no llama la atención ni conmueve a nadie.
En la web encontramos de todo lo que nosotros pensemos...pero es gratificante encontrar textos como el que a continuación agrego, en que nos invita a la cordura, a detenernos a pensar para donde vamos, que queremos, y si esta velocidad y exitismo nos conduce a algún lado.
Los dejo con un artículo enviado por un amigo, Jorge Espinoza, que sabe de los contenidos que mis páginas acogen.
La competitividad se ha convertido en una exigencia inexorable. Hay que
ganar. Hay que ocupar un puesto preeminente en la escala
correspondiente. La que sea. O mejor, en todas. Digamos que el medio se
ha convertido en el fin. Obtener un lugar de preferencia en lo exámenes
de PISA, por ejemplo, es el objetivo de la educación. No un medio para
mejorar, sino el fin que conseguir.
Así como a veces pasan cosas que te obligan a cambiar el rumbo de tu vida, también pasan cosas que te hacen preguntarte, ¿para qué seguir si todo da lo mismo? La vida suele ser incomprensible aunque es muy repetido eso de que "todo pasa por algo". Pero la verdad es que si te sientas junto al camino, cómodamente sin intentar participar, te perderás no haber vivido lo suficiente, te perderás de no llevar contigo las heridas de guerra que carga consigo el que luchó por lo que creyó que valía la pena. Y esas heridas de guerra son las que dan todo el sabor y la fuerza de haber resistido y haber salido adelante victorioso.
No todo son buenas experiencias, y para reconocer la dicha, primero hay que sentir el dolor, la incertidumbre, la duda. Para conocer la embriaguez del triunfo hay que pasar por toda una gama de situaciones;
¿Te has detenido a pensar cuan difícil es deshacerse de esas cosas que has guardado por años?, porque en el momento tuvieron alguna importancia, y que hoy al encontrarlas de pronto sientes la duda de si realmente valió la pena guardarlas ocupando espacios quizás valiosos.
Tantas cosas atesoradas en un tiempo: la boleta de alguna compra, la entrada a un espectáculo, apuntes amarillos ya y hasta difíciles de leer, las llaves que aparecen repentinamente y que justo hoy ya ni recuerdas de dónde son... la tendencia de llenarnos de cosas sin utilidad ninguna, recuerdos sin consistencia, que hoy nos sorprenden. Y empezamos a botar, intentamos desligarnos de eso que nos dejó estancados. Pero la duda nos acecha, porque ¿y si es un recuerdo de verdad valioso? cuesta decidirnos.
Después de 3 años, Marcel Claude vuelve con su columna virtual llamada "Ironías Políticas para Llorar" analizando la contingencia política desde un punto de vista crítico e irónico, en esta oportunidad el tema es el actual movimiento de los estudiantes chilenos. "Entre gobernar y lucrar, o la educación como un derecho de la sala de clases al parlamento".
Un amigo de "Folclore y Cultura Chilena",Gustavo Sergio Loira Castillo, conductor de un programa radial que transmite la Radio Universidad Católica de Chile, de la Facultad de Comunicaciones U.C. Cial 660 AM. titulado "El Cóndor Pasa", escribe en su facebook sobre otro difusor radial, Don Jacinto del Carmen...El Tayo Escalona para los amigos, como su programa radial "A la Pinta mía", dejó de transmitir después de 35 años ininterrumpidos de trabajo.
Es la realidad de nuestro folclore y los difusores de estos espacios, que al no tener financiamiento dejan de operar porque nadie colabora, ni hace publicidad en estos espacios, que es una forma de mantenerse en el dial.
Haber estado tanto tiempo viviendo para otros, la hizo postergar todo y abandonarse. Imperceptiblemente dejó todo lo que le era propio, no dejando nada para sí sin notarlo siquiera, sus gustos, ambiciones, su esencia, todo se perdió en el camino. Sólo hoy en plenos años dorados, observa que esta es la realidad. Y se apura en reunir para sí, todo lo que le es grato; sus plantas, sus libros sus propios escritos ante el computador y sus horas quietas. Hoy más que nunca puede sentir su yo y ve todo con la perspectiva de la propia calma, lejos ya de la prisa por ganarle al tiempo.
Se acabó el frenesí de ser la mejor en todo. Enloquecer por tratar de tener el hogar perfecto, ser la mejor cocinera, la mejor pareja, la mejor madre.
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