Atrás quedaron los tiempos donde las masas se tomaban las calles
para hacer valer su voz y su voto, en elecciones que marcaron a toda una generación.
Muchos jóvenes de hoy no se sienten representados por los políticos
ni las instituciones. Entonces, ¿cómo motivarlos y, de paso, reencantarnos
todos?
Quizás, algunos piensen que tener espíritu ciudadano sea como
tener Fe: se tiene o no, pero no se puede inculcar. Otros consideran que a los
jóvenes no les importa su país, que no creen en los políticos,
que la sociedad organizada no existe. Un panorama bastante pesimista si se cree
en la democracia representativa y en la identidad social gracias a la participación
de todos. A lo mejor, la inscripción automática y el tan debatido
voto voluntario, sean una solución.
El ciudadano es un miembro de una comunidad política, con deberes y
derechos. Y esa condición nos hace tener -una vez más- una campana
de alerta: ¿Cómo hacemos para que los que cumplan una determinada
edad se sientan parte de un Chile democrático? ¿Cómo incentivamos
a los jóvenes para que adopten un rol y se unan a la tarea de reformular
las instancias de participación ciudadana? Se adjunta tres vídeos para poner atención de una verdad que molesta.
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