Estigmatizada por la institucionalidad imperante, Catalina de Los Ríos y Lisperguer nació en 1605, falleciendo en 1665, viviendo una historia de rebeldía que cruzó el siglo XVII de la Capitanía de Chile, realizándose en contra de ella un asesinato de imagen, con el cual se la sometió en vida, a la exclusión y al escarnio social de los poderosos de la época.
Su gran pecado fue oponerse a la expropiación de sus tierras y bienes que pretendió hacer la Iglesia Católica, en función de las condiciones imperantes, donde una mujer viuda y su hija no tenían derecho a administrar los bienes en herencia y estos debían pasar a manos de la Iglesia, quien debía proveerles lo que necesitasen, pero enviándolas quizás a un convento de claustro que las sepultaba literalmente en vida.
(Leer más)
COMENTARIOS
hace 2 días
hace 2 días
hace 2 días