
Los mayores, la gente grande ¿deben colgar los sueños y resignarse a que los animadores los entretengan con ejercicios aeróbicos? ¿Qué hay de la energía vital, de la sabiduría acumulada, de la capacidad de comprensión de los fenómenos sociales? ¿Cómo trata nuestra sociedad a sus abuelos, como un problema, como desechos, como un lastre o como piezas de joyería fina que hay que cuidar?
Frente a la ola de cambios que han planteado los estudiantes, los indignados, la cual ha inundado las catacumbas del sistema, llevando aire fresco y nuevas utopías en tropel, desordenadas como patio de colegio, pero utopías al fin, que son los pivotes del futuro; uno se pregunta si hay diferencias entre ellos y nosotros, los estudiantes de hace 44 años que hacíamos sitting en las calles, demandábamos lo imposible y queríamos a la imaginación en el poder.
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