Artículos escritos sobre "familia" en otros sitios
ACRÓSTICO.
Con emoción pido a DIOS, expresar este recuerdo a la mujer del mundo que ama de verdad, sufre ,supera situaciones y logra satisfacer necesidades materiales y espirituales para compartir con los suyos.
Ella fue mi madre, CELIA DEL CARMEN GUTIERREZ PEÑAILILLO, nacida el 14 de Febrero de 1910, hace ya un siglo en Chanco, pequeño y conocido pueblo del sur, que por muerte de su padre ha quien siempre recordó con mucha admiración y cariño al tener un hogar de diez hermanas y hermanos, viaja a Santiago a los 18 años para trabajar arduamente y mantener a su madre y hermanas ,(1928) (Leer más)

Una abuela es aquella mujer que no tiene niños propios. Le gustan los hijos de las otras personas. Un abuelo es como una abuela, con la diferencia de que el es un hombre. Le gusta caminar con sus nietos y que ellos le hablen de pesca y de toda clase de pequeñeces.
La abuela no hace nada, excepto lo que se le presente. Es vieja, de manera que no puede jugar fuerte o correr rápido, así que basta con que nos lleve al supermercado a cabalgar en los caballitos mecánicos y siempre tendrá las monedas listas par irlas poniendo a fin de que sigan funcionando. Y si nos saca a caminar, ira lentamente pisando las hojas caídas de los árboles. Jamás la abuela dirá. "vamos, chicos andad rápido".
Por lo general, las abuelas son gordas pero siempre se las arreglan para poder atarnos los cordones de de los zapatos. Usan anteojos y ropa intima muy graciosa. Y se pueden sacar los dientes y mostrártelos. Las abuelas no son personas brillantes. Solo tienen que responder preguntas sencillas como, ¿Abuela Dios esta casado? o ¿Por qué los perros persiguen a los gatos? (Leer más)

Por un lado, los psicólogos han "descubierto" algo que, para variar, era de Perogrullo: que los hermanos nacen diferentes unos de otros y que el temperamento - con su especial configuración emocional - es la raíz biológica de la personalidad.
Por otro lado, nuevamente la psicología ha tenido que desdecirse de uno de sus mitos más socorridos: que la educación de los padres es decisiva en la personalidad y "normalidad" de sus hijos. Esta creencia se ha difundido tanto por los medios de comunicación que pareciera que hubiese sido demostrada científicamente. No obstante, las correlaciones encontradas no han sido coincidentes sino más bien débiles, ambiguas y parciales.
Los psicólogos deberíamos andar con más humildad por la vida y teniendo mucho cuidado con aquello que transmitimos como si fuesen verdades científicas, ya que fuera de ésta que nos ocupa, hay muchas otras falacias que se están derrumbando por falta de fundamentos.
Los expertos en socialización establecieron, en la década de 1950, la hipótesis de la crianza, según la cual, la manera de ser de los niños dependía del estilo educativo de sus progenitores. Así se originó lo que acertadamente ha sido llamado el mayor mito psicológico del siglo.
El error - debido a problemas metodológicos - se fue subsanando a mediados de los ochenta y desde entonces se han ido evidenciando repetidamente los fundamentos biológicos de los rasgos básicos de la personalidad. Mientras más se refinaban los procedimientos técnicos, más se reducía la supuesta trascendencia de los padres, culminándose en un cuestionamiento al poder omnímodo de la educación. (Leer más)

Realmente habría que decir Mañana de Reyes, ya que en esa época –1953, cuando tenía siete años– los niños nos teníamos que ir a la cama muy temprano “para que los Reyes comprobasen que estábamos dormidos y además que no les viéramos. Si un niño veía a los Magos, ¡adiós juguetes!. Así que a la cama prontito, porque por entonces no existía la televisión ni todos los entretenimientos actuales. Lo único, una gran radio que presidía el aparador del comedor de mi casa y alrededor del cual se escuchaban normalmente los programas que emitía Radio Madrid como aquél famoso de CABALGATA FIN DE SEMANA. Y los “diarios hablados”, a mediodía. Pero vamos directos al grano, que pueden llegar Sus Majestades y encontrarme escribiendo y me quedo sin que me “echen” nada. Mi padre siempre fue un exagerado con el tema de los Reyes Magos, característica que al parecer he heredado de él. El caso es que todos los años, desde que recuerdo, había regalos para todo el mundo. Para mi madre, mis hermanos, mis tíos y tías, la criada y ninguno para el gato porque no lo teníamos. ¡Hasta para el portero de la finca, que era nada menos que Policía Armada! Con la poca simpatía que les tenía mi padre a tales individuos... De juguetes no hablo. ¿Para qué, si debajo de mi casa se hallaba y se halla todavía el Bazar Horta y el dueño consideraba a mi progenitor como un gran amigo. Debía ser por el dineral que se gastaba allí. Lo cual significa que todos los años los Reyes Magos habían sido espléndidos a más no poder. ¡Hasta un coche de caballos – en realidad una especie de bicicleta forrada con la figura de un caballo, que arrastraba una calesa – le compró un año, a última hora – a más de las 12 de la noche – a un magnífico artesano que lo había construido y no lo pudo vender ya que pedía mucho dinero por él. Siendo tan tarde ya, se lo dejó a buen precio. Y todavía no sé cómo lo pudieron subir mis hermanos mayores por las escaleras porque en el ascensor desde luego que no cabía. (Leer más)
Cuando tu hijo te dice: ¡Mamá/papá, no te metas! Esto fue escrito por un sacerdote.
Hoy que estoy profundizando mis estudios teológicos en la familia; sus valores, sus principios, sus riquezas, sus conflictos, recordaba una ocasión en que escuché a un joven gritarle a su padre:
¡No te metas en mi vida!
Ésta frase caló hondamente en mí, tanto, que frecuentemente la recuerdo y comento en mis conferencias con padres e hijos. Si en vez de sacerdote, hubiese optado por ser padre de familia, ¿qué respondería a esa pregunta inquisitiva de mi hijo?
Esta podría ser mi respuesta:
Hijo, un momentito, no soy yo el que me meto en tu vida, tú te has metido en la mía, hace muchos años y por el amor que mamá y yo nos tenemos, llegaste a nuestras vidas, ocupaste todo nuestro tiempo, aún antes de nacer, mamá se sentía mal, no podía comer, todo lo que comía lo devolvía, y tenía que guardar reposo. Yo tuve que repartirme entre las tareas de mi trabajo y las de la casa para ayudarla. Los últimos meses, antes de que llegaras a casa, mamá no dormía y no me dejaba dormir. (Leer más)
Iván, era un hermoso y buen muchacho, hacía la vida normal de un joven, estudiaba, tenía polola, amigos, en fin, como mi hijo mayor era mi mano derecha, me ayudaba con sus hermanos. Un día se juntaron situaciones muy dolorosas en la familia y a él se le declaró un brote de esquizofrenia. Ni nuestra familia ni en las conocidas habíamos tenido conocimiento, ni habíamos convivido con esta enfermedad, eso pasó hace 16 años él tenía 21, su mente se dividió, como dicen los médicos. Pasé por el dolor de verlo en una clínica psiquiátrica, sedado, su cuerpo era el suyo, pero su mente se hundió en una nebulosa, raros seres lo atormentaban, hablaba incoherencias, a ratos me miraba y veía que me reconocía, me decía "¿Mamita qué me pasa?, sácame de aquí", y luego volvía a su mundo, no puedo explicar nuestro dolor.
Mi marido se negaba a aceptarlo y aún le cuesta, mucha gente dejó de ser amiga, dolían muchas cosas, me envolví en una coraza y a pesar del consejo médico lo saque de allí y lo empecé a cuidar en casa, no dormí por muchas noches, fueron meses, años de una lucha por él, como madre mi dolor es muy profundo, solo Dios sabe como he sorteado humillaciones, como gente me dijo que era "un cacho" tener un hijo así, la incomprensión familiar también duele. (Leer más)
Enviado por Elmer
el 13/11/2009 a las 13:40
Todas
las esposas que vivían dentro de los muros del castillo de Weinsberg,
en Alemania, sabían de la cantidad de riquezas allí existentes: oro, plata,
joyas y una fortuna incalculable. En 1141 dC, todo
aquel tesoro fue amenazado. Un ejercito enemigo cerco el castillo para tomar la
fortaleza, la fortuna y la vida de los hombres que allí vivían. No había otra
cosa que hacer sino rendirse. Aunque el comandante del ejercito
enemigo hubiese impuesto una condición para que las mujeres y niños saliesen
a salvo, todas se recusaron a dejar el castillo sin antes que, sus exigencias
fuesen atendidas (Leer más)
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