Estoy seguro que mi aspecto cambia sin cesar, pero también sé que a pesar de eso, los otros no me confunden, y además sienten el deseo de escucharme, sin embargo hay cosas que no voy a aceptar, por más que quiera a veces dejar de ser quien soy... la vida me confunde y aunque me niegue sé que la vivo con ese dejo de tristeza que se niega a abandonarme. Suelo caminar largos caminos, y cosa extraña, siempre al volver la cabeza, me encuentro conque no hay huellas. Entonces, esta realidad me conmueve; ni siquiera el peso de mi cuerpo
Martín, al acabar la última página del libro que compró en un local perdido de la estación de buses de Mendoza, descubrió que era un idiota. Se había quemado las pestañas leyendo autores como Nietzsche, Freud, Marx, pasó horas y horas frente las hojas de los textos de Foucault y cuando no lograba cerrar los ojos en las noches, siempre existía un texto en el velador al cual recurrir para llegar a la mañana siguiente.
Al llegar a Santiago, Martín abrió la puerta de la casa y corrió a buscar el brasero. Tomó una bolsa de carbón y llevó esto elementos al patio de la casa. De su bolsillo derecho tomó los fósforos, arrojando una cerilla sobre el papel. Una llama azulada danzo sobre el papel consumiendo hasta la últimas palabras de Soriano y cuando el fuego estaba a punto de extinguirse, arrojó los pesados textos de Escritores rusos, latinoamericanos, franceses, italianos, toda la biblioteca que se encontraba apilada en un viejo estante de su hogar.
Mis amigos saben que tengo 2 vicios y 2 virtudes. Los vicios son el tabaquismo y la escritura. Las virtudes son la humildad y la modestia. Hay algunos más viciosos que yo, pero en las virtudes, eso sí, no hay “naiden” que me gane. Este cuento lo mandé al Cyberespacio en Febrero del año ante pasado, y tuvo bastantes lectores (1.908, a la fecha). Uno de los 17 secuaces, que leen a este escribidor en España (no es cachiporreo, pueden verificarlo en Mis Lectores ), Publio Galán, de Mérida, me lo acaba de solicitar, para incluirlo en un concurso literario, de cuentos cortos, sobre el Tabaquismo, en la Madre Patria (Extremadura). Me siento emocionado y, emocionado, me siento (por suerte había una silla). Ojala que, si salgo galardonado, me envíen un pasaje para ir a recibir el premio, y aprovechar de ver a Kekita, mi hija favorita, en Barcelona. Soy capaz hasta de dejar de fumar. El otro vicio si que no lo dejaré nunca. Para los que no lo han leído, o no se acuerdan, aquí va de nuevo:
Su cabello caía en pequeños hilos dorados sobre su frente.
Le observó con ojos fijos reflejando la luminosidad blanca en sus pupilas y le dijo:
― He tratado de hacer de todo para permanecer intacta, pero ya no puedo más…día a día…he experimentado toda clase de cosas, mi cuerpo me ha acompañado, lo que otros no han hecho en esta vida, él me ha acompañado, le estoy en deuda…y él ya no tiene fuerzas para seguir. ― Hizo una pausa y prosiguió ― Desconéctame de esta máquina por favor.
Apreciadas(os)2 amigas(os) Ligueras(os): Tiempo atrás pretendí participar en el concurso Santiago en Cien Palabras y creí enviar tres cuentos, pero mis conocimientos y habilidades computacionales son muy limitadas por lo que no sé si fueron enviados o no. La idea era, aparte de reflejar alguna vivencia personal, establecer o dejar constancia de una realidad que existe en la Capital y es que, habemos una gran cantidad de sus pobladores que somos del Sur del País. Por eso, les voy a participar uno de esos cuentos, que me esforcé tuviese 100 palabras: Después de muchos años, pase por el Cerro Santa
Yo soy muy pero muy volado. Durante mucho tiempo pensé que el plazo de entrega para el concurso de cuentos de revista Paula terminaba el día viernes de la próxima semana, pero no era así. Eran las cuatro de la tarde cuando me puse a revisar las bases del concurso y me di cuenta que debía entregarlo hoy a las seis de la tarde y no tenía anillados ni impreso las copias del cuento- eso sí estaba corregido, listo, pero de puro gil me iba a quedar sin concursar-... si a eso le sumamos que no tenía un peso en los bolsillos, la situación era un tanto complicada. Por suerte mi vieja tenía unos pesos así que partí rápidamente a imprimir las copias y anillarlas, eran las cinco de la tarde... me faltaba un sobre donde enviar las copias. No podía ser cualquiera. Debía aguantar el peso de cinco copias y después de recorrer todos los bazares del barrio, no encontré el apropiado, eran las cinco y cuarto y no había solución. Me resigné a perder la oportunidad de participar... me dio rabia y me fui refunfuñando, pegándole a un par de perros cajeros y eché una paloma con un piedrazo.
- Diego, qué te pasa- preguntó mi tía que justo me vio de casualidad. - Tía, por gil no voy a participar en Paula.
Un cuento genial de Fontanarrosa, hoy el cuento va en forma de video, solo para matizar un poco. Cuentos de Fontanarrosa.
actores: Luis Brandoni, Claudio Gallardou.
Espero les guste este cuento en video, pero el arte y los cuentos estan en todas partes. Aquí se perdonan las exclamaciones fuera de tono, en beneficio del cuento, mis disculpas.
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hace 1 día
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