
Era la primera gira del Presidente de Estados Unidos Barack Obama por la región y por lo mismo generó muchísimas expectativas después de un año de su presencia en la Cumbre de la Américas, donde prometió iniciar una nueva era de las relaciones de su país con el mundo latinoamericano.
Como era de esperar, fue un viaje minuciosamente preparado, con claras señales y mensajes políticos, con variados e importantes anuncios y, sobre todo, con una definición muy concreta de la agenda que espera poder implementar, bajo la condición política de una nueva etapa de socios en igualdad de condiciones, que vendría a superar el tradicional esquema de un país central que orienta y determina, frente a un conjunto de naciones que obedece y actúa bajo aquéllos parámetros.
Si bien, teniendo presente las enormes asimetrías entre Estados Unidos y nuestros países, cuesta asimilar la idea de una sociedad de iguales, será muy interesante recoger el espíritu de la nueva convocatoria, puesto que en ella también se comprende el nuevo rol que los países latinoamericanos, tanto en forma individual como colectiva, pudieran ejercer en la región.
Para nosotros siempre existirá una realidad inmodificable, la de tener que convivir con un vecino que es potencia global. Por lo tanto, lo que corresponde frente a ello no es evitar la relación -que de por sí sería imposible- sino articular una que sea conveniente y convincente para los intereses latinoamericanos.
Hoy estamos en condiciones inmejorables para producir aquello, puesto que México y Brasil caminan aceleradamente hacia el objetivo de convertirse en grandes potencias; varios países están en procesos de desarrollo económico que tienden a solidificarse; se ha avanzado en la consolidación de las democracias; conviven una pluralidad de proyectos políticos y se han afianzado procesos de integración multilaterales tanto regionales como sub regionales.
El Presidente Obama nos ofreció su agenda, la que fue sintetizada en su discurso en Chile al plantear que "Seguridad para nuestros ciudadanos. Comercio y desarrollo que genera empleos, prosperidad y un futuro de energía limpia. Defensa de la democracia y los derechos humanos. Estas son las alianzas que podemos forjar juntos aquí en el continente americano y alrededor del mundo".
Estados Unidos pareciera tener claro que enfrenta desafíos muy profundos que requieren más que nunca de la participación activa de estos nuevos socios en condiciones de igualdad. Los aspectos relativos al crecimiento económico y la promoción de la democracia (aunque este concepto haya sido entendido de muy variada forma en el pasado reciente) no son asuntos nuevos. Afortunadamente sí lo es la defensa y promoción de los derechos humanos. Pero aparecen dos temas de gran profundidad e importancia estratégica, como son la seguridad ciudadana y el aseguramiento energético, aspectos vitales en el camino del desarrollo.
Desde la mirada estadounidense, América Latina ha sido capaz de mostrar grandes avances en el plano político, económico y social, lo que augura buenas perspectivas. Pero, simultáneamente, arroja indicadores altamente peligrosos en materias de seguridad ciudadana, organizaciones criminales, narcotráfico, trata de personas, tráfico de armas pequeñas, que configuran un cuadro complejo de violencia urbana y segregación social, especialmente en los segmentos juveniles de la sociedad.
Esta realidad tiene causas y efectos que dicen relación con Estados Unidos. Por ello es vital asumir este desafío desde la mirada de la cooperación, del respeto mutuo, de la salvaguarda de los derechos fundamentales de las personas, en síntesis bajo este nuevo anuncio de un trato entre socios. En esta coyuntura histórica, esta temática es un asunto que nos incumbe e importa al conjunto de países de la región. Tal cual lo declaró el propio Presidente Obama, hoy día se considera a América Latina más importante que nunca en la seguridad y prosperidad del propio Estados Unidos.
Por esto debemos estar muy atentos al anuncio de la Alianza de Seguridad Ciudadana de América Central (que realizó en el marco de su visita a El Salvador), para lo cual ya se comprometió con 200 millones de dólares, y que se complementa con la Iniciativa de Seguridad Regional para América Central; así como la cooperación de México, Colombia y Chile para el ámbito policial; la coordinación entre aduanas; el intercambio de información entre las policías y agencias de inteligencia; el combate conjunto ante los flujos monetarios dudosos, etc..
El Presidente Obama lo planteó de la siguiente forma: "En primer lugar, nos estamos asociando para hacer frente a lo que la gente en todo el continente dice que le preocupa más: la seguridad de sus familias y comunidades. Las pandillas de criminales y narcotraficantes no solo son una amenaza contra la seguridad de los ciudadanos. Son una amenaza contra el desarrollo porque ahuyentan la inversión que necesita la economía para prosperar. Y son una amenaza directa contra la democracia porque alientan la corrupción que socava a las instituciones desde adentro".
Es innegable que condiciones estructurales de pobreza y marginación de los países latinoamericanos son las causas primeras de fuertes oleajes de emigración ilegal, de la trata de personas, del reclutamiento de miles de jóvenes de favelas y barrios pobres en las pandillas y organizaciones del crimen organizado, de la existencia de una economía de las drogas, que terminan afectando a las sociedades enteras e impiden el pleno desarrollo de la persona humana.
También es cierto que en Estados Unidos existe la mayor demanda de drogas ilícitas, el mercado más dinámico de contrabando de armas pequeñas y livianas que se comercializan hacia el sur, y desde donde fluyen los recursos económicos ilícitos hacia el crimen organizado así como las grandes oportunidades para el lavado de dinero.
No nos quedan más alternativas que asumir imperiosamente estas demandas, que requieren de la plena participación de todos para hacerlas eficaces, pero también para salvaguardar los métodos, la evaluación de los compromisos y de las responsabilidades, el pleno respeto de los derechos humanos y de las opciones de desarrollo que cada sociedad decida soberanamente.
Carlos Gutierrez P.
Atenea.es
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