
Vamo’ niña al Matadero
Que la carne está barata
Cuatro cortes dan por veinte
Y una malaya de llapa
Lo primero que ofrece
Todo cuadrino
Mollejas y chunchules
Y un trago ‘e vino
Y un trago ‘e vino, sí
También ofrece
Un pañuelito lacre
Para ponerse
La mujer pierde el tino
Por un cuadrino.
Con estos versos, se presenta el libro "Por la güeya del Matadero" de los autores Araucaria Rojas, Karen Donoso, Luis Castro y Los Chinganeros en la música, y una dedicación muy especial que acá leerán.
A Don Fernando González Marabolí,
inmenso matarife, portentoso erudito.
Estas líneas vayan en su honor y gloria.
A todos los cuadrinos que a pata pelá,
dieron vida al Matadero:
miliqueros, huachos, tripaleros, guateros, pateros,
sangreros, malcorneros y maestros de cuadrilla.
A los rotos de pata ancha
y a los cantores de la güeya antigua.
A los entrañables recovecos del Barrio Franklin.
Así comienzo la presentación de este libro, para que ustedes tengan una idea de que se trata, y por esto agregaré unas primeras páginas, para motivar la lectura de "Por la Güeya del Matadero".
EL HABLA DE LOS VERSOS ESTA VIVA.
Memorias de la cueca centrina
DESDE LA ÚLTIMA DÉCADA DEL SIGLO XIX la visualización de lo popular como patrimonio atendible desde la academia, produjo una serie de estudios y compilaciones de inmensurable valor (1). De diversa índole y perspectiva, ellos fueron extendiéndose temporalmente y cristalizándose en campos literarios, folclóricos e historiográficos. Posteriormente, Diego Muñoz, Pablo Garrido, Antonio Acevedo Hernández, fueron algunos de los nombres que tuvieron como misión reconocer y tipificar sus sujetos, costumbres, sonoridades y comidas más "genuinas" en lo que hoy nos parecen textos tan cabales como olvidados.
El sujeto popular, sería bifurcado en dos tipos identitarios básales: huaso y roto, supeditados ambos a los vaivenes políticos y sociales de toda la trama del siglo XX otorgándoles innumerables veces, nuevas fisonomías y atributos. A veces revolucionario, otras sumiso, el roto fue situado como parte de un pueblo transhumante y patiperro que poblaba móvilmente todos los intersticios del territorio. Enganchado o tratero, fue inspirador de múltiples crónicas, novelas y poesías (2).
"Pata e cordero y guatita". Letra: Fernando González Maraboli. Melodía: Familia González Marabolí. Forma: los ayes del cante. Temática: trabajo en el Matadero. Intérpretes: Los Chinganeros.
La historiografía, si bien le concede espacios previamente, es durante la década del ochenta del siglo xx, cuando prolifera la producción de investigaciones sobre lo popular siendo Gabriel Salazar y Maximiliano Salinas -entre otros-quienes afianzan dicho campo de estudios.
Comienzan a distinguirse populares desmarcados del proletario politizado o confinado territorialmente, esbozándose un relato que concentra sus inquietudes en el peón-gañán en sus múltiples facetas. Esta nueva zona investigativa, será para los años noventa mucho más inquietante y diversa: las prácticas culturales, el disciplinamiento y la criminalidad se erigirán como ramificaciones ciertamente tributarias de las exploraciones anteriores. No obstante, observamos que los documentos utilizados para levantar estas últimas, no han surgido necesariamente desde regímenes discursivos populares (3).
"Vamos niña al Matadero". Letra: tradicional, recopilación Luis Castro González. Melodía: Familia González Marabolí. Forma: cueca derecha o con caramba. Temática: repertorio de restoranes y picás. Intérpretes: Los Chinganeros.
Si bien no adscribimos a la escisión rotunda entre un patrimonio popular y uno de élite, sí observamos lineamientos distintos en el sentido de su contenido y la ubicación social de sus enunciantes.
El texto que hemos construido se ha confeccionado a partir de dos premisas medulares: por un lado, articularlo por medio de fuentes mantenidas en el tráfico de una tradición oral y popular. Así, las cuecas componen el lazo que contiene toda la extensión de esta investigación, posicionándose como fuentes pletóricas de una realidad que a continuación desciframos. Por otro lado, los testimonios, indicios y huellas que hemos visitado quisimos estimarlos únicamente como prácticas sociales, sin ejercer sobre ellas un juicio moral o criminalizante.
Los duelos a cuchillos, las casas de niñas y las faenas que remembramos, no las hemos asumido o descodificado como delitos y muy lejos de ello, las atisbamos sencillamente modos de habitar.
Nos internamos en el barrio Franklin y sus intersticios; abrimos la puerta del viejo Matadero; entramos y distinguimos el tráfago de los gloriosos cuadrinos. Observamos su faena, su organización para, al final de la jornada, hacer una pichanga y recorrer sus salones. Oímos de cerca sus cantos, los aprehendemos, se vuelven audibles.
Jué la gloriosa chingana. Letra: Luis Castro González. Melodía: Familia González Marabolí. Forma: los ayes del cante. Temática: homenaje al barrio Matadero. Intérpretes: Los Chinganeros.
Güeya
La voz güeya fue acuñada por Fernando González Marabolí, como forma de plasmar fielmente la sonoridad de cierto hablar popular. Su significado primordial proviene -como es evidente- de huella, vinculado esta vez con un patrimonio germinado y puesto en circulación a modo de enunciado colectivo. Entrar en la huella, salir al camino, oficiarse en trabajos grandes, ser niño de la familia son sinónimos de faenas y formas de sociabilidad que habría asumido el roto, en sus múltiples aconteceres.
Todas ellas hacen referencia a un modo de vivir riguroso, colmado de códigos propios cjue se actualizan en un trazado-huella que se emprende, comparte y hereda:
Conozco de sur a norte
Del mar a la cordillera
Y el roto que nació libre
Tiene una sola bandera*
Se le ha relacionado como gesto cjue comporta peligrosidad, siendo el trayecto del ajuerino y con ello, del roto-bandido (5). Se le visualiza siempre con el fierro que mata y el puñal siempre ávido:
Me gusta el fierro que mata
Tengo pacto con el diablo
Zapateo en cualquier fonda
al son que me tocan bailo
(1) Ver por ejemplo Rodolfo Lenz, Sobre la poesía popular impresa, Eds. Centro Cultural de España, Santiago 2008. Ramón Laval, Cuentos populares chilenos, Ed. Nascimento, Santiago 1968. Julio Vicuña, Romances populares y vulgares. Recogidos de la tradición oral chilena, Ed. Biblioteca de escritores de Chile, Santiago 1912..
(2) Ver sólo a modo de ejemplo Roberto Hernández, El roto chileno. Bosquejo histórico de actualidad, Imp. San Rafael, Valparaíso 1929. Lautaro Yankas, Rotos, Ed. Zig-Zag,
(3) Si bien conocemos la proliferación del uso de archivos judiciales, las consideramos enunciativamente mediatizadas por las estructuras institucionales en las cuales se inscriben.
(4) Samuel Claro, et. al., Chilena o cueca tradicional. Con las enseñanzas de Don Fernando Gongález Marabolí, Ed. PUC, Santiago 1994, p. 364., N° 566.
(5) Ver Manuel Guerrero y Carlos Miranda, La huella del bandolero, Ed. Letras chilenas, Santiago 1960. Antonio Acevedo Hernández, Retablo Pintoresco de Chile, Ed. Zig-Zag, Santiago 1952.
IMAGENES: 1) Portada del libro mencionado. 2) Fachada del Antiguo Matadero en Jorge Walton, Álbum Vistas de Chile, Tmp. Barcelona, Santiago 1915.
Santiago 1945. Nicolás Palacios, Raza Chilena, Libro escrito por un chileno y para los chilenos, Ed. Chilena, Santiago 1918. Nicomedes Guzmán comp., Autorretrato de Chile, Ed. Zig-Zag, Santiago 1957.
Hasta aquí esta reseña del libro "Por la güeya del Matadero".
















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