Nacemos para sufrir,
porque es loco el que delira
que goza; cuando es mentira,
porque al cabo hay que morir.
Valen muy poco la suerte,
los laureles y festejos.
Que, luego, en llegando a viejos,
sólo te aguarda la muerte.
Sometidos al Destino,
nos conducen nuestros pasos
más por penas y fracasos
que por cómodo camino.
Quien piense de otra manera
tal vez se encuentre en lo cierto.
Pero queda, una vez muerto,
tan sólo su calavera.
¡Tanto sueño almacenado
tras esas cuencas vacías..!
¿Dónde están las alegrías
soñadas en el pasado?
















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