La señora Luna, por siempre enamorada, del señor Sol estaba prendada y fruto de este infinito amor, infinitos Días por siempre siguen naciendo.
El señor Año por su parte se sentía tan solo viviendo sus incontables siglos, que a la señora Fecha muy atractiva fue descubriendo y de tanto ir y viniendo, casamiento le propuso. La boda fue muy concurrida cuenta la leyenda, sabios y eruditos, astrónomos y científicos variados, falsos y verdaderos, dignatarios en masa, embajadores y plenipotenciarios. Astrólogos y magos, reyes y emperadores del gran banquete participaron junto al pueblo llano en pleno y que la naturaleza toda servidumbre asistió enmudecida y que al Año y doña Fecha sus respetos presentaron en medio de augurios diversos y felicitaciones en mil versos, en todos los idiomas fueron las prosas, los cantos y oblaciones por cercanas y lejanas naciones.
Dicen los que dijeron que de tanto en tanto la consagrada pareja, un hijo fue anunciando. El primogénito por Enero le nombraron y el último en ver la luz Diciembre lo bautizaron. En el medio, otros diez hermanos el amor de sus padres se disputaron mientras el mundo entero a los hermanos Meses de calendarios los llenaron. En el principio de los principios, solo de números los hacían y los grababan en piedras y tablillas. Pobres hermanos Meses, de tan pesados los artilugios, para jugar no les servían, hasta que el papel fue inventado. Ahí la figura fue cambiando y del blanco y negro al color evolucionando. Artísticos algunos, funcionales otros tanto, paisajes de ríos y montañas, de ciudades y llanuras, de gráficas finuras, retratos de caras y cuerpos, desnudos y cubiertos, por millones de paredes colgando los hermanos Meses fueron creciendo y por todas las latitudes el tiempo consumiendo.
Sin quererlo mucho, los hermanitos Meses en pauta de salarios y plazos se transformaron y a medida que van pasando, su huella de recuerdos de los buenos y malos van dejando, también de deudas y promesas, de pagarés y olvidos, de tiempos idos jamás regresados, de historias fieles y precisas, de otras inventadas, de verdades y mentiras, de juicios y condenas, de perdones bien o mal dados, tarde o temprano recibidos, otros desechados y en odios enconados, de sueños y esperanzas que otros Meses en espera se duermen, o en espera se esperan porque la señora Luna, por siempre enamorada, del señor Sol sigue prendada y fruto de este infinito amor, infinitos Días por siempre siguen naciendo.















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