¿La tierra se derrite?

Enviado por Cristian Baros G el 05/05/2011 a las 19:13
Cristian Baros G

La tierra nos está hablando.

Pide socorro. Dice basta. Sus cambios que año tras año se manifiestan, son las señales que deja escapar para que el hombre sepa que está en peligro.

 El 23 de junio de 1988 en los Estados Unidos el termómetro pasó los 39° en 45 ciudades de costa a costa. Las pérdidas de las cosechas fueron incalculables. Las sequías mataron ganado. La aridez quebró a los hombres. Era una señal. Las olas de calor no son nada nuevo. Pero, esta vez, traen un mensaje especial. Los  científicos del Instituto Goddard para los estudios espaciales de la NASA, lo recibieron: existe un 99% de probabilidades de que el recalentamiento del globo ha comenzado. Está llegando el  efecto invernadero.

¿Qué es? El recalentamiento del clima en el planeta. Los gases que se acumulan en la atmosfera  y que son producidos  por la industria y la agricultura- principalmente el dióxido de carbono (CO2),pero también el metano, el acido nitroso y el clorofluoruro de carbono-permiten que los rayos del sol penetren, pero no dejan  que el exceso de calor salga. Provocan, exactamente, el mismo efecto que el vidrio de un invernadero. El resultado: la temperatura global ha venido aumentando durante décadas y- calculan los científicos – este efecto producirá un aumento de 2° y 9° para el año 2050, entre 5 y 10 veces el promedio que marcó el fin de la era glaciar. Un incremento de esta naturaleza en la temperatura podría alterar sustancialmente  el clima de la Tierra. Hace pocas semanas un grupo de investigadores soviéticos-franceses  confesaron su temor:

“En los próximos 50 años pueden llegar a producirse dramáticas modificaciones climáticas, mayores cambios en los desiertos y zonas fértiles, intensificación de las tormentas tropicales y el aumento de los niveles del mar, causado por la expansión del agua por el recalentamiento de las zonas heladas”

Las ciudades de la costa estarían en peligro de desaparecer, se convertirían áreas fértiles y lluviosas en desiertos áridos y frágiles, los hielos podrían derretirse ( y aumentar el nivel de los mares hasta 1,80 metros), la agricultura estaría en peligro de destrucción, como las actividades costeras y los usos de la energía.

La Tierra ha tenido antes grandes cambios climáticos y no en diez años y, ¿Quién es el responsable de todo esto? El hombre.


Graves consecuencias

 

Ya en 1890 el químico sueco Svanthe Arrhenius había dado la primera señal de alarma: la masiva combustión del carbón, durante la revolución industrial, emitía una cantidad excesivamente grande de  CO2 a la atmósfera. El científico  hizo entonces su primera predicción: si el CO2 se suplicaba en la atmósfera la temperatura del globo aumentaría 5°. Apoyaba esta teoría en un estudio profundo sobre la era  glaciar que se había producido por la disminución de ese gas. Obviamente, sus contemporáneos no le creyeron, Pero Arrhenius tenía razón.

En ese entonces, comienzo de la era industrial, la concentración de CO2 era de 280 partes por un millón, aproximadamente. Lo justo para un calor moderado. Hoy, la concentración de gas se eleva a 340 partes por millón. Si se sigue quemando combustibles fósiles en la misma proporción, esta concentración se duplicará para el año 2050.

Las consecuencias del recalentamiento de la Tierra serán universales. Y pueden ser atemorizantes.

Al trazar un panorama de lo que ocurriría en distintas regiones del planeta, científicos del Centro Nacional para Investigaciones Atmosféricas de Los Estados Unidos, del Laboratorio Nacional Lawrence Livermore(que estudian especialmente el impacto del aumento del nivel del mar) y del Woods Hole Oceanograaphic Institute, han coincidido en lo siguiente:


  • El aumento del nivel del mar podría significar la extinción de las islas de coral. Como también de las islas Marshall del Pacífico, las Maldivas frente a la costa oeste de la India y algunas naciones del Caribe.
  • Las regiones costeras o las grandes islas, al igual que las llanuras fértiles que bordean los ríos, estarían en peligro.
  • Bangladesh, dominada por el delta  Ganges-Brahmaputra-Meghna, ciudad masivamente poblada, correría riesgo de serias inundaciones que obligarían a la sexta parte de su población a abandonar el lugar.
  • Egipto perdería un 15% de su tierra cultivable, que son las que concentran el 14% de su población y producen el 14% de su producto bruto interno.
  • Las ciudades de Galveston, en Australia, y Miami, en los Estados Unidos, prácticamente rodeadas de agua, podrían desaparecer.
  • Si continuara aumentando la  temperatura en estas proporciones se beneficiarían las regiones nórdicas: Canadá y la Unión Soviética serían las naciones más poderosas, mientras que las planicies se convertirían en polvo.
  • Las ciudades serían más vulnerables a las tormentas y los huracanes podrían acrecentarse en forma dramática: si el mar se calentara, aumentarían su intensidad y serían de 40 a 50 por ciento más severos que los más intensos de los últimos 50 años.
  • Aumentarían  las lluvias en todo el planeta: el aire caliente significa más evaporación, más nubes, más lluvia y más nieve en un 5 a un 7 por ciento. Pero dicen los estudiosos, esto no significa que estén bien distribuidas en el planeta. En la India central tendrá el doble de lluvias mientras que en el medio oeste de los Estados Unidos las sequías serán prácticamente mortales.
  • Los alimentos y la agricultura se verían afectados. Si bien el dióxido de carbono no es malo para ciertos cultivos, la producción de arroz se vería  reducida en un 10% y el trigo, que en un año normal puede crecer mejor gracias al aumento del CO2, podría dar pésimas cosechas.


 Señales de la Tierra

 Existen, además, otras señales” que la Tierra nos está dando.

Los daños en la capa de ozono, que protege a la Tierra de las letales radiaciones ultravioletas del sol, han sido comprobados. Ciento veinte científicos durante ocho semanas estudiaron la capa de ozono sobre la Antártida. Si la capa de ozono disminuye sobre áreas pobladas, y hay evidencia de que así está  ocurriendo, las consecuencias podrían ser terribles.

La Academia Nacional de Ciencia de los Estados Unidos estima que una disminución del 1% en el nivel de ozono puede causar  10.000 casos más de cáncer de piel por año solamente en ese país. Junto  a este peligro está el “efecto invernadero”.

Los científicos que lo estudian luchan por entender una cantidad de alarmantes interacciones entre el aire, el agua y las plantas que podría acelerar  el potencialmente desastroso calentamiento del globo, posponer sus efectos o producir cambios inesperados y rápidos en el clima de la Tierra. Hoy se  sabe que, por ejemplo, los volcanes arrojan cortinas de polvo que reflejan la luz solar y actúan enfriando el planeta. Los desiertos, con sus blancas arenas, también reflejan la luz del sol, lo mismo que los polos con sus capas de hielo, mientras los bosques tropicales lluviosos producen el efecto opuesto.

Las nubes que cubren más o menos la mitad de la superficie de la Tierra son otro importante factor climático. El vapor de agua, por ejemplo, es otro gas invernadero, pero la superficie blanca-gris de las nubes refleja la energía solar. ¿Cuál de los dos efectos predomina? Depende de las nubes: las brillantes y bajas  stratocumulus reflejan el 60% de los rayos solares, las nubes  monzón- largas y delgadas- permiten que el calor solar entre, pero no dejan escapar las radiaciones infrarrojas. Otro factor que contribuye al cambio de clima es la biosfera (término científico para llamar a todas las cosas vivientes de la Tierra) Y la biosfera puede inclinar el equilibrio, cuando los seres humanos están implicados.

El desafío  que se impone es entender la gran cantidad de posibles feedbacks (retroalimentaciónes)que pueden existir, los cambios ocasionados por el incremento de contaminantes en la atmosfera que, a su vez, influyen sobre el nivel de esos mismos contaminantes o sobre sus efectos en el clima. Los científicos saben que las capas de nubes, la vegetación, los océanos se podrán modificar y eso acelerará  o moderará la influencia calorífera de los contaminantes. Se sabe ya que algunos feedbacks empeorarán el problema del calentamiento, mientras que otros lo aliviarán. Por ejemplo, un nivel más alto de dióxido de carbono en la atmósfera promoverá una más rápida descomposición de la vegetación, que soltará dióxido de carbono al aire más velozmente. Sin embargo, también acelerará el crecimiento de las plantas, lo que hará más rápida la eliminación de ese gas al aire. El doctor Wallace Broecker, profesor de  geoquímica de la Universidad de Columbia, dice que se obtuvo información sobre cambios rápidos y extremos en el clima mundial de hace 10.000 a 13.000 años. Estos fueron ocasionados por una súbita desorganización del sistema océano-atmósfera. “Esto nos revela que el sistema es sensible a pequeños empujones”. Para el doctor Roger Revelle, de la Universidad de California, “los temas de feedback son muy significativos. Uno de los principales problemas de los modelos climáticos es que no entendemos esos feedbacks muy bien”.

Un feedback es un mecanismo autorregulador que controla el ritmo o la magnitud de un proceso, un termostato que apaga una estufa cuando la temperatura se eleva es un ejemplo de feedback negativo, que detiene  o torna más lento el proceso  de recalentamiento de una cosa. Un hogar a leña es un mecanismo de feedback  positivo, porque cuando se enciende el fuego, se atrae más aire hacia el hogar y esto provoca una combustión más rápida y una temperatura más  elevada. Lo mismo ocurre en la Tierra y con nuestros factores climáticos. Algunos mecanismos de feedback han sido incluidos en los modelos de las computadoras que se usan para predecir cómo el CO2  y otros contaminantes  afectarán la temperatura y el clima. Estos modelos demuestran  que existirán dos efectos de feedback  relacionados con el hielo y la nieve. Estos tienden a reflejar las radiaciones y reducen así la temperatura, pero a medida que se derritan por el efecto invernadero, menos radiación será enviada y más será absorbida por la Tierra oscura y la vegetación que tome su lugar. La base fundamental del estudio sobre el clima en la Tierra hoy se basa en los fantásticos Archivos de hielo (ver más abajo recuadro) En las burbujas que han quedado atrapadas a miles de metros de profundidad en las capas de hielos polares está toda la “historia” del clima terrestre.

¿Para qué retroceder tanto en el tiempo? Para saber cómo era el pasado, cómo cambió nuestro aire y, sobre la base de eses hechos crear nuevos modelos para pronosticar el futuro de nuestro ecosistema, que es mucho más importante que el clima pos sí solo. Los expertos saben que la tierra se está calentando. Los estudios en los Archivos de hielo  les permiten conocer la génesis de nuestro clima. Comprobar cómo el dióxido de carbono ha ido aumentando en la atmósfera a través  de los siglos. En una burbuja de aire congelado está nuestro pasado y la base de la investigación para conocer nuestro futuro. El mayor experto mundial en el tema, doctor  Oeschger, sentencia. “El incremento de CO2 en la atmósfera podría tener consecuencias irreparables para el hombre y su ambiente. Los males para el ecosistema, la agricultura, los recursos de agua serían irreversibles”.

¿Existe algo que el hombre pueda hacer? Sí, las medidas antiefecto invernadero se pueden sintetizar así:

1)      Conseguir que se reduzca el dióxido de carbono, disminuyendo el consumo de combustibles fósiles.

2)      Cambiar el carbón y el petróleo por otros combustibles.

3)      Desarrollar la energía solar, la energía del viento y la energía geométrica.

4)      Reducir la reforestación y alentar la replantación de arboles.

5)      Llegar a la eliminación del uso del clorofluorocarbonos (CFCs) que daña la capa de ozono) para el año 2000.

¿Imposibles? ¿Difíciles de lograr? Quizás. Pero le corresponde al hombre cuidar su casa. El Planeta Tierra.


LOS ARCHIVOS DE HIELO


Hoy se puede saber cómo fue el clima en los tiempos que nació Jesús, durante las Cruzadas, el Imperio Romano o, incluso, la Prehistoria. Los científicos e investigadores del Instituto de Física de la Universidad de Berna tienen el archivo  climático más rico del mundo; la información guardada celosamente durante siglos, está en las capas de hielo debajo del casquete polar. A una profundidad de 200 metros han quedado atrapadas burbujas del pasado. Estas burbujas de aire comprimido permiten remontarse a 70.000 años atrás y conocer cómo era la atmosfera terrestre. También posibilitan predecir qué ocurrirá  con la temperatura en los próximos cincuenta años. Con modelos matemáticos y métodos que establecen fechas a partir del carbono se puede reconstruir lo que era la atmósfera en cuanto a sus gases, mucho tiempo atrás. En Groenlandia se ha logrado extraer del hielo  burbujas de  hasta 2.037 metros: o sea, de hace 70.000 años.

Usando espectroscopía infrarroja de láser y espectrometría acelerada de masa los científicos de Berna pueden “descifrar” la información. Así se comprobó que en los últimos  150 años se incrementó en un 23% el dióxido de carbono y se duplicó la cantidad de metano. Una señal. Un dato. Una alarma.

  ¿QUÉ SUCEDE EN CHILE?

En Chile, el efecto invernadero no es ciencia ficción.

Hace unos doce mil años, Santiago era  periferia de los hielos, que llegaban hasta el Saldo del Soldado, cerca de Portillo. El aumento de la temperatura los hizo retroceder, incrementando el nivel del mar.

Hoy, con el aporte  contaminante del hombre, los cambios no son a tan largo plazo: sólo en los últimos ocho años la temperatura se ha triplicado, haciendo variar las características de las antiguamente bien definidas estaciones. “Ahora, Santiago se acerca más a una zona desértica; de más tipo estepárico que de tipo templado”, dice  José Ignacio González, director del Instituto de Geografía de la U. Católica.

En la Patagonia chilena, el efecto invernadero y el ozono también están causando estragos. Cuenta el profesor Reinaldo Bôrgel, del Instituto de Geografía de la Universidad Católica, que los hielos “eternos” de los montes patagónicos se están desmoronando y esto, además de un desequilibrio ecológico, ha producido el vaciamiento  de algunas lagunas que se encuentran entre el cordón montañoso, por la fuerza con que cae la masa de hielo sobre ellas. En uno de sus  recientes viajes a la zona, él vio cómo el agua desbordada de la laguna  inundaba los valles, arrasando con lo que encontraba a su paso.

“La destrucción de heleros  y ventisqueros en el Campo de Hielo Norte es ostensible” dice el profesor Bôrgel, “y  se detecta, además, un retroceso fuerte de la línea de las nieves estacionales. Observaciones realizadas en marzo de 1989 en la zona occidental del lago General Carrera indican que  está en desarrollo un notorio desequilibrio de la capa de hielo situada al oriente del Monte San Valentín”.

Aumentan las zonas desérticas, se acaban los hielos eternos (que ayudan a enfriar el aire), hay grandes inundaciones. No es un problema del futuro. Eso sucede HOY.

BIBLIOGRAFIA:

REVISTA “CONOZCA MAS”

N°1  JUNIO 1990

LA_TIERRA_SE_DERRITE.pdf

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