En el día de hoy, 17 de octubre de 2011, se ha celebrado en San Sebastián un acto denominado “Conferencia de Paz” al cual han sido invitados varios observadores extranjeros, entre ellos un ex – Secretario General de Naciones Unidas. La reunión, festejo, comedia o como mejor queramos llamarlo tenía por objeto examinar el llamado problema vasco y en definitiva sacar a la luz pública internacional las razones que esgrime la banda terrorista ETA para cometer crímenes desde hace décadas y la situación de la misma y lo que ella llama Euskalerría.
Una Conferencia de Paz se acostumbra a celebrar siempre entre dos o más países que se encuentran en guerra y entre los que existe un conflicto bélico. Que se sepa, ni Francia ni España – ambos países afectados por las pretensiones etarras – no se encuentran en ese estado contra una tercera nación sino que padecen, sobre todo España, el azote de unos pistoleros desaprensivos. De unos terroristas.
Al contar con la presencia de esos informadores, a los cuales prefiero no pensar en quién les habrá dado vela en este entierro y cómo se han sufragado sus gastos y honorarios, se está elevando la actuación de unos asesinos a la categoría de lucha armada por la libertad concediéndoles un prestigio y una categoría que ni tienen ni se merecen. Es casi como reconocer que el País Vasco, incluyendo la parte francesa del mismo, es efectivamente una región que debería ser independiente. Y todo ello gracias a la política consentidora del Gobierno de Rodríguez Zapatero que ha permitido que los mafiosos insurgentes hayan podido formar un Partido Político que hoy en día gobierna bastantes Ayuntamientos de las hasta no hace mucho llamadas Provincias Vascongadas: Bildu.
Pretender comparar el conflicto entre estos indeseables y las Naciones francesa y española con el de los palestinos con Israel o, en su día, el de los irlandeses con Gran Bretaña es una locura y un desconocimiento total de la realidad. Mientras estos dos pueblos sí fueron invadidos y oprimidos por judíos e ingleses, el pueblo vasco ha formado históricamente siempre parte tanto de España como de Francia y es inaudito que reclamen independencia alguna. Y si algunos de sus habitantes, por muchos votos que obtengan en las elecciones municipales, la desean desconozco ningún país – excepto Checoslovaquia – que se haya escindido por su cuenta sin derramamiento de sangre y mediante un simple acuerdo. Pues podemos asistir al insólito espectáculo de que mediante presiones internacionales se les conceda el derecho a ser independientes y a desgajarse de los países de los que forman parte. En el caso de Francia no lo creo, porque los galos de tontos tienen poco y enseguida son capaces de plantar su Ejército Regular donde sea necesario. Pero de los actuales gobernantes españoles me creo todo lo que puedan contarme que se le ocurra al novelista más imaginativo que exista.
Veremos en qué acaba todo esto, pero no sería de extrañar que en nada bueno. Mientras, los cadáveres de los asesinados por ETA deben estar removiéndose en sus tumbas. Y no es para menos.
¡Hasta pronto!















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