Si tuvieras la chance de escribir un último mensaje, no quisieras dilapidarlo dejando registro de horas tempestuosas. Quizás buscarías resonancias estelares para cruzar el tiempo como un cometa renombrado. Quizás, sabiéndote minúsculo aerolito ignorado, preferirías refugiarte en tus células madres y flotar en ese resquicio mágico en que se guarda el alma, para pervivir, tenue y grácil como una pluma, dejando apenas una estrofa que salga de ese halo que envolvió tus pasos.
Tomarías, entonces, la enredadera de tu vida para apretarla en el pistilo que acarició mariposas, en la maravilla del nacer, en la epopeya del amar, en la tarea agridulce de formar tus hijos, de luchar por espacios, de disfrutar tus nietos, de ser feliz.
En ese último resumen, simplemente, daría gracias por lo concedido, por los atardeceres frente al mar, por la piel de la mujer amada retozando en las auroras. Por el té hervido y un gajo de naranja ensalzando la vida. Un beso cerraría la página con un hasta pronto, amor.
















Si tuviera quedespedirme ahoradiría adiósa ...
Si tuviera que despedirme ahora
diría adiós
a hijos y nietos que sobreviven
y a los que no alcanzaron a llegar
permaneciendo en la niebla
de lo que pudo haber sido
diría adiós a los amigos que no he vuelto a ver
porque me han olvidado o se fueron antes
y a los que aún quedan
compartiendo soledades.
Diría adiós a trabajos y proyectos,
que iban saliendo del tintero.
Saludaría a las ciudades con esplendor de siglos
cuyas aceras no alcancé a recorrer.
Diría adiós a los colores de la tarde
a la noche del desierto, a la voz del agua
al perfume de las hojas, al sabor del viento
diría adiós al compañero que nunca tuve
pediría perdón a la niña que fui
por haberla dejado desamparada
aguardando un mundo de maravillas
y diría adiós al ángel de la guarda
ese ¡tan descuidado!
a punto de quedar cesante.