Tenía en su dulce mirar,
una serena mirada,
que siempre me desarmaba.
Su trato tan delicioso,
la recuerdo muy tierna,
en esa actitud tan quieta
daban deseos de despertarla
y robarle un furtivo beso.
Sus labios carnosos
de exquisito carmín pintados
los que me hicieron sufrir
en esos delicados años.
Ay Que bellos recuerdos,
están allí guardados
en ese cofre lleno
de los más bellos regalos.
Cuantas noches estivales,
las que son de mis desvelos,
me torturo recordar
ese cálido pecho.
Qué pasó con esa historia
que me vuelve a mi cerebro,
tal vez fui yo el culpable
de este desgraciado hecho.
Ya no habrá hijos que vivan
de este níveo sustento,
ni habrá quien nos recuerde
ni habrá una línea en
aquel cuaderno
solo una fría referencia
al final de algún verso
que diga que ella existió
al final de este recuerdo.















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