El jueves 5 de mayo, acompañé a mi amigo Eleodoro (Lolo) Salas, a ver y oír cantar a su sobrino el Gran Barítono chileno e Internacional Maestro PATRICIO SABATE, quien participó en forma brillante - como siempre-, junto al gran maestro de guitarra LUIS ORLANDINI, en la primera parte del VI Festival de guitarra que se realiza en el Centro GAM (Gabriela Mistral Sala 1).
El repertorio, muy difícil de interpretar por sus variados contrastes y disonancias propio para un público Docto en la materia y estudiantes de esa disciplina, que sin embargo, a los profanos como yo, tal vez las extrañas melodías no llenaron totalmente nuestro gusto, no dejamos por eso, de apreciar la gran maestría con que el Maestro Luis Orlandini -en la primera parte-, manejó los difíciles temas tan variados, dando vida y amenidad con sus manos de largos y hábiles dedos y con sus gestos carismáticos, enriqueciendo el espectáculo con tal habilidad que en un pasaje hizo que su guitarra sonara como un arpa, aparte de otras variadas posturas y sonoridades.
El Maestro Orlandini, guitarrista clásico quien por su virtuosismo me atrevo a llamarlo el Paganini chileno de la guitarra, nos deleitó con su arte.
EN LA SEGUNDA PARTE, el Barítono Maestro PATRICIO SABATE, llenó el salón con su virtuosismo bocal al interpretar arias que en su altura llegaban al límite de su registro, casi como tenor, con una maestría incomparable en que alternó de pianísimos a notas medias y fortes con cuerpo y expresión jugando con los matices en forma natural que no denotaba esfuerzo alguno, logrando una sonoridad electrizante que emocionó al público en el que, como nosotros entre ellos, no dominamos el francés ni el alemán como algunos, pero si, poseemos la sensibilidad para apreciarlo.
La serenidad profunda de su segura y grata interpretación, que con perfecto encaje musical coordina en forma natural y espontánea sus expresiones faciales y corporales que lo muestran como una figura magnética y varonil salida de un mundo mágico que encantó al auditorio.
Ambos Maestros en sus respectivas ejecuciones, Orlandini y Sabatè, lograron un complemento tan perfecto, que da la sensación de que siempre lo han hecho juntos por la coordinación y naturalidad de su logro haciendo que los espectadores explotaran en cerrados aplausos que los obligó a concurrir en más de tres ocasiones al escenario a recibir sus ovaciones, después de terminado el programa.
Fue una función impagable.
















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