Martina estaba desconsolada porque su novio la dejó por otra. El muchacho se encandiló con Ester, una compañera de trabajo. Ni siquiera los cinco años de relación pudieron evitar que Javier, la pareja de Martina, le fuese infiel y la abandonase.
Martina lloró durante tres días. No se levantó de la cama, comía muy poco y apenas se movía del dormitorio para ir al baño.
Por el dolor que experimentó, perdió su trabajo de secretaria, el que le costó años de sacrificio y lucha, pero la mujer ni se percató de ello.
Un día, mientras se lavaba los dientes se miró en el espejo y no se reconoció. Su cabello oscuro estaba desgreñado, sus ojos rojos y sobre todo, su mirada en el cristal estaba completamente perdida.
En ese momento, en vez de ponerse a llorar, rió. Sintió vergüenza de sí misma y por primera vez, en tres meses tomó una peineta para arreglarse el cabello, buscó las pinturas y el maquillaje, intentando recuperar a la mujer que fue en algún momento.
Aquel día, compró con sus ahorros un helado de vainilla con chocolate y se lo comió disfrutando el sabor. Desde aquel instante, se prometió a sí misma realizar una actividad para dejar atrás su dolor.
Un mes después, Martina se sintió mejor. Pidió que le devolvieran su trabajo y su jefe, conociendo sus capacidades intelectuales, la dejó volver, pero no en la función que ella desempeñaba. A Martina no le importó, porque sabía que volvería a su antigua labor. Meses después, había recuperado su empleo de secretaria ejecutiva.
Sin quererlo, Mauricio apareció en su vida. Se conocieron de casualidad en el metro, cuando a Martina se le cayó el carnet de su cartera si que ella se diera cuenta. Mauricio recogió el documento y fue hasta su casa a dejarlo. Ella lo invitó a un café y comenzaron siendo amigos, hasta que se dieron cuenta que estaba enamorados…
Había pasado un año, cuando Martina se volvió a mirar en el espejo y nuevamente no se reconoció. Su cabello negro brillaba, sus ojos resplandecían y su piel estaba suave y tersa… pero su mirara era distinta, tenía luz.
Curiosamente aquella mañana, Javier, su ex novio, la llamó a su celular. Ella se sintió algo perturbada. El hombre le dijo que quería conversar y ella accedió a tomarse un café. Al volver a verlo, lo notó distinto, lo quería mucho, pero como amigo. Le tenía un cariño especial…
- Quiero que volvamos, te extraño demasiado- dijo Javier, tomándole la mano.
- Sabes, - respondió- hace un año atrás te odiaba. Lloré y no sabía que hacer con mi vida, pero ahora soy otra mujer gracias a ti. La Martina que tu conociste murió y de ella renació otra, más independiente, que sabe quererse a sí misma y que entiende que el amor no es un objeto desechable. Para amar a los demás hay que amarse a uno mismo primero. Lamento que ahora vas a pasar por el mismo proceso, pero al final encontrarás tu vida…
Martina se levantó de la mesa, le dio un beso en la mejilla y le dijo: “ahora me tengo que ir, Mauricio me está esperando”.
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Bravo Armando!!!
La enseñanza que de los momentos malos también podemos sacar beneficios
Un saludo Ines
Gracias Inés
Un abrazo