Los laberintos del alma

Enviado por Alcibiades Arellano Lopez el 30/06/2010 a las 19:36
Alcibiades Arellano Lopez

Cuando se es joven (para mi, tiempo pasado), se sorprende y llena de expectativas frente a la posibilidad de alcanzar alguna pequeña meta que tomamos como un desafío personal. Imaginemos o recordemos cuando por primera vez postulábamos a un trabajo y se nos fijaba la fecha y hora de la entrevista y competencia entre 30 ó 100 otros jóvenes que perseguían el mismo objetivo.  Nos preparábamos estudiando el tema, preocupándonos además, que nuestra presencia fuese impecable. Proyectábamos las circunstancias que nos rodearían en el concurso, tratando de no descartar ninguna posibilidad de error.
En nuestra pantalla mental, hacíamos desfilar a nuestros contrincantes, reconociendo en algunos -pese a nuestro Ego- cualidades con las que nos podrían aventajar:
 “Esa niña tan buena moza con mirada severa e inteligente, me pone nervioso... Ese fulano tan joven como yo con quien la niña sonreía, mirando su pelo rubio, grandes ojos y alto de estatura, tan suelto de cuerpo que nos hace sentir un poco inseguros frente a la competencia. Las y los otros superables, sobre todo esa muchachita con lentes y aspecto raquítico pero, también con una tremenda memoria al contestar en forma tan completa las preguntas, también es de temer... El otro muchacho desgreñado con los zapatos sucios y aspecto descuidado pero demasiado despierto, alerta y preciso también al responder con una sonrisa...”
En fin, imaginábamos tantas cosas y muchas más de los examinadores que miran con ojos escrutadores y críticos, impresionan y despiertan otros temores llenando de fantasías nuestra mente. Curiosamente, creemos haber considerado todo lo que sucederá en el momento final pero, generalmente pasa justo aquello que jamás imaginamos, como las grandes ilusiones que nos fabricamos y raramente se plasman en realidad.
Estas angustias que nos hacen sentir impotentes ante diversas situaciones, como una operación o la ausencia sorpresiva e injustificada, fuera de rutina de un ser querido que desaparece abruptamente sin llamadas ni avisos; o nuestra primera cita de amor, abren los senderos de los laberintos del alma frente a nuestras expectativas e incertidumbres de la vida diaria. No todos pasamos las pruebas al sobreponernos frente a la adversidad. Algunos, se desesperan perdiendo la razón y al no tener fe como punto de apoyo, toman fatales decisiones que les impide asimilar la enseñanza, perdiendo la vida.
La completa e intransferible escuela individual de la vida y nuestros elementos de juicio, muchas veces limitados, nos enfrenta a circunstancias en las que nos hace aflorar todas nuestras emociones e inseguridades creando fantasías.
A veces, la gente insegura frente al peligro de perder el trabajo por ejemplo, actúa de manera que ni ellos hubiesen imaginado, recurriendo a la intriga y desprestigio o trampas con sus imaginarios rivales que podrían tener meritos superiores, para conservar la fuente laboral. Son etapas de autoconocimiento que nos ayudan a descubrir nuestras falencias para dar el paso siguiente que es superarlas.
Cuando se sana el alma, también el cuerpo en el que vive transitoriamente. La sencillez denota grandeza y paz interior.
Al pasar el tiempo y los años de vida, se recuerdan estos laberintos del alma, que solo hemos superado  en parte, con el amor que es la única emoción que nos desprende de los egoísmos, reconociendo en nosotros como en otras personas, sus propios meritos y cualidades que al tratarlas y conocerlas, nos enriquecen sin ensuciar con pequeñeces nuestro espíritu.

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¡Felicitaciones Alcibiades!

Enviado por el 01/07/2010 a las 11:48
Ines Valenzuela Arriagada

Querido Amigo: Siempre leí tus diálogos con Romina y me llamaba la atención tu espíritu de lucha y querer hacer. Creo que con este envío mereces el Laurel de los Laureles, es un mensaje inigualado, sin querer ofender a nadie, lo mejor que he leído hasta ahora en Ligas Mayores.
Continua amigo es como una caricia al alma.
Agradecida Inés Valenzuela A.


Concuerdo con Inés

Enviado por el 01/07/2010 a las 12:37
pachi vargas

Tienes mucho talento para describir situaciones y extraer aquello de lo que se puede aprender.

Un abrazo grande para ti.

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Pachi Vargas


Laberintos

Enviado por el 01/07/2010 a las 12:49
ana torres g

Concuerdo con Inés, muy merecidas las felicitaciones.
Reflejas bien las dudas que poblaron los días juveniles y cómo detallábamos lo bueno y lo  malo de quienes nos rodearon, es que estábamos aprendiendo, éramos nuevos en la aventura del vivir. Hoy ya mayores sabemos valorizar mejor cada una de las virtudes de los que conocemos. Sentimos también con más fuerza la impotencia cuando observamos las maniobras de algunos en su ansia de conseguir lo que quieren a cualquier costo. Hoy todo es más claro, más evidente. También aprendimos a fuerza de sufrir, lo fácil que es dejar a un lado lo que nos molesta, lo que nos empobrece, consiguiendo así amar mejor la vida, amar mejor al género humano.
Un saludo


Agradece comentarios sobre Laberintos...

Enviado por el 02/07/2010 a las 17:06
Alcibiades Arellano Lopez

Queridas amigas Pachi, Inés y Ana:
No puedo más que expresarles mi emoción y agradecimiento al leer vuestros generosos comentarios pero no, hay muchas personas valiosas más que yo en Ligas Mayores que aportan montones de conocimientos, poemas y otras materias que nos enriquecen a diario, como María Llácer entre otras(os) y  Uds. mismas que en más de una ocasión me han llenado de satisfacción o con sus artículos o comentarios.
Estamos en la vida recorriendo nuestros caminos que sin saberlo aún, nos conducirán hacia nuestros destinos y creo que nosotros precisamente, tratamos de llegar en las mejores condiciones posibles. Con mucho cariño: Alcibíades.


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