A mucha gente le ha pasado y le seguirá pasando. Llega a comprar al supermercado, según sea la necesidad, cada semana, la fila para cancelar está bien larga, pero que se le va hacer, hay que tener paciencia y esperar su turno, pero no falta la señora que cuando uno está llegando a la caja, después de estar esperando a veces hasta media hora, llega con una sonrisa de oreja a oreja y muy suelta de cuerpo le dice: me deja pasar son solamente unas cositas que compré y estoy apurada.
Precisamente eso fue lo que me ocurrió a mí justo el día que jugaba la selección, tenía que ir al súper y fui, no era capricho pero no me quedaban menestras en casa, además era lunes y hacen el 6% de descuento y hay que cuidar la platita, por lo que mi marido me dijo “vamos no más, anda tú y cuando estés lista me llamas para ir a buscarte”
Como es de esperar de una sumisa esposa ($#%&%) me fui contenta, cantando por la calle, total él se quedaba en cama, hasta que yo lo llamara (estaba descansando para ver el partido de fútbol). Llegué y había bastante gente, pero más que todo comprando bebestible o sea trago, y carne para el asadito y gritar aplaudiendo nuestro triunfo (A todo esto no sé como vamos porque mientras están jugando yo estoy escribiendo, perdón no me gusta el fútbol).
Yo con mi carro abriéndome paso entre la gente, estirando los brazos para alcanzar aunque fuera pollo congelado, no me importaba tenía que llegar con algo para el almuerzo, por fin eché lo que necesitaba, a todo esto ya había pasado como hora y media, porque me gusta recorrer, para que no se me olvide nada. Me voy a la fila, como es de esperar, estaba bastante larga. Llamo al jefe de casa, pensando que se había levantado y esperaba mi llamado para irme a buscar raudo al súper, pero no era así, recién estaba bajando las patitas de la cama, me dice en 15 minutos estoy allá (vivimos cerca del súper) Con mucha paciencia dejó el puesto en la fila y doy otra vuelta, lo llamo y me dice en 10 minutos estoy allá, no lo llamé más, me puse en otra fila bastante larga para darle tiempo de llegar, le di el paso a dos personas más, no llegaba, entonces aparece y me dice “me compraste esto o lo otro, ya no tenía” con la poca paciencia que me quedaba le dije “si mi amor, te llevo todo” Estoy sacando mis cosas y aparece una señora como es de esperar muy apurada y no me dice a mí sino a él “me da permiso que estoy atrasada” y él muy suelto de cuerpo me dice “deja pasar a la señora” yo con la sonrisa más amable le digo: “señora hace 2 horas que estoy aquí y estoy cansada, pero si mi marido le dice que se ponga, hágalo no más, pero es una patudes y falta de respeto, sí está atrasada no es mi culpa, debió venir más temprano”. Yo creí que con esto la sra. no pasaría, pero craso error, pasó por la caja y listo. Lo miré a él fulminándolo con la mirada, pero me dice para qué te enojas si no cuesta nada hacer un gesto amable; total venía levantándose, y yo después de todo lo que estuve parada, caminando rapidito, para llegar hacer su almuercito, no tenía derecho a enojarme. Pero me dicen que tengo que comprender, estaba estresado esperando su partido de pelotas.
















En el supermercado
jajajajaja qué fiel relatooo!!! Es que así son “los otros”!!! Saben pedir favores a un perfecto desconocido de lo más sueltos de cuerpo. Y los mariditos tan cansaditos siempre, tan atentos siempre con los de afuera...hummm qué recuerdos!! jajajaja (soy viuda)
Lo que cuentas es una de las múltiples anécdotas que todas las señoras casadas hemos vivido durante la vida matrimonial. Qué de cosas se pueden escribir... pero en fin, tampoco podemos vivir sin ellos, bueno, es lo que escucho, pese a que yo por Ej. No quedé con muchas ganas de volverme a emparejar y estoy en mis “años dorados” de lo más solitaria.
Un gran saludo para ti