En la fila del supermercado.

Enviado por Eliana Rojas Ramirez el 28/06/2010 a las 17:34
 Eliana Rojas Ramirez

1277755975481-images.jpgA mucha gente le ha pasado y le seguirá pasando. Llega  a comprar al supermercado, según sea la necesidad, cada semana, la fila para cancelar está bien larga, pero que se le va hacer, hay que tener paciencia y esperar su turno, pero no falta la señora que cuando uno está llegando a la caja, después de estar esperando a veces hasta media hora, llega con una sonrisa  de oreja a oreja y muy suelta de cuerpo le dice: me deja pasar son solamente unas cositas que compré y estoy apurada.
Precisamente eso fue lo que me ocurrió a mí justo el día que jugaba la selección, tenía que ir al súper y fui, no era capricho pero no me quedaban menestras en casa, además era lunes y hacen el  6%  de descuento y hay que cuidar la platita, por lo que mi marido me dijo “vamos no más, anda tú y cuando estés lista me llamas para ir a buscarte”
Como es de esperar de una sumisa esposa  ($#%&%)  me fui contenta, cantando por la calle, total él se quedaba en cama, hasta que yo lo llamara  (estaba  descansando para ver el partido de fútbol). Llegué y había bastante gente, pero más que todo comprando bebestible o sea trago, y carne para el asadito y gritar aplaudiendo nuestro triunfo (A todo esto no sé como vamos porque mientras están jugando yo estoy escribiendo, perdón no me gusta el fútbol).
Yo con mi carro abriéndome  paso entre la gente, estirando los brazos para alcanzar aunque fuera pollo congelado, no me importaba tenía que llegar con algo para el almuerzo, por fin eché lo que necesitaba, a todo esto ya había pasado como hora y media, porque me gusta recorrer, para que no se me olvide nada.  Me voy a la fila, como es de esperar, estaba bastante larga. Llamo al jefe de casa, pensando que se había levantado y esperaba mi llamado para irme a buscar raudo al súper, pero no era así, recién estaba bajando las patitas de la cama, me  dice  en 15 minutos estoy allá  (vivimos cerca del súper)  Con mucha  paciencia dejó el puesto en la fila y doy otra vuelta, lo llamo y me dice en 10 minutos estoy allá, no lo llamé más, me puse en otra fila bastante larga para darle tiempo de llegar, le di el paso a dos personas más, no llegaba, entonces aparece y me dice “me compraste esto o lo otro, ya no tenía” con la poca paciencia que me quedaba le dije “si mi amor, te llevo todo” Estoy sacando mis cosas y aparece una señora como es de esperar muy apurada y no me dice a mí sino a él  “me da permiso que estoy atrasada”  y él muy suelto de cuerpo me dice “deja pasar a la señora” yo con la sonrisa más amable le digo: “señora hace 2 horas que estoy aquí y estoy cansada, pero si mi marido le dice que se ponga, hágalo no más, pero es una patudes y falta de respeto, sí está atrasada no es mi culpa, debió venir más temprano”. Yo creí  que con esto la sra. no pasaría, pero craso  error, pasó por la caja y listo.  Lo miré a él fulminándolo con la mirada, pero me dice  para qué te enojas si no cuesta nada hacer un gesto amable; total venía levantándose, y yo después de todo lo que estuve parada, caminando rapidito, para llegar hacer su almuercito, no tenía derecho a enojarme. Pero me dicen que tengo que comprender, estaba estresado esperando su partido de pelotas.

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En el supermercado

Enviado por el 29/06/2010 a las 11:44
ana torres g

jajajajaja  qué fiel relatooo!!! Es que así son “los otros”!!! Saben pedir favores a un perfecto desconocido de lo más sueltos de cuerpo. Y los mariditos tan cansaditos siempre, tan atentos siempre con los de afuera...hummm qué recuerdos!!  jajajaja (soy viuda)
Lo que cuentas es una de las múltiples anécdotas que todas las señoras casadas hemos vivido durante la vida matrimonial. Qué de cosas se pueden escribir... pero en fin, tampoco podemos vivir sin ellos, bueno, es lo que escucho,  pese a que yo por Ej. No quedé con muchas ganas de volverme a emparejar y estoy en mis “años dorados” de lo más solitaria.
Un gran saludo para ti


LAS COLAS. ¡Oh perdón las filas!

Enviado por el 29/06/2010 a las 19:45
Jorge Hernán Espinosa Gutiérrez

Las filas que tan malos recuerdos nos traen, nada nos enseñaron, recuerdo largas filas para todo tipo de compras.
Hoy las filas del supermercado, son como “colas de monos” siguen sin dirección y nadie atina a desviarla, para dar la pasada y evitar que a cada rato pidan permiso para cruzarse, solo hay que desviarlas y nada más o dejar un espacio para que se transite.
Al andar todos apurados, no se permite hacer un corte prudente, para que la atraviese el que la necesite.
Siempre hay colgados en todas partes que piden favores a desconocidos, eso solo se ve acá  en Chile.
Nadie valora el tiempo de otra persona. Son muy patudos o patudas y también eso es reflejo de la mala calidad de la EDUCACIÓN, la que no solamente se evalúa en las pruebas, también en el comportamiento de la población.
Para que decir de las filas del Metro, bueno eso del comportamiento en el METRO es para otro día.   
Hoy sólo  desahoguémonos de los patudos y patudas de los supermercados, las que ya verán para donde va la micro y despierten en ATINAR sólo un poco.
Jamás veremos cantar a un cerdo.


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