Un joven discípulo de un filósofo sabio llega a casa de éste y le dice:
-Escucha, maestro. Un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia...
-¡Espera! –Lo interrumpe el filósofo- ¿Ya hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?
-¿Las tres rejas?
-Sí. La primera es la verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?
-No. Lo oí comentar a unos vecinos.
-Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Eso que deseas decirme ¿es bueno para alguien?
-No, en realidad, no. Al contrario...
-¡Ah, vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?
-A decir verdad, no.
-Entonces –dijo el sabio sonriendo- si no es verdadero, ni bueno, ni necesario, sepultémoslo en el olvido.
Qué buena historia, si reflexionáramos así cada vez que estamos en dudas, cuantas cosas desagradables nos evitaríamos...
















Las tres rejas
Te felicito Ana Torres por tu artículo, cuantas veces creemos que contarle a otra persona lo que se ha hablado de ella, es beneficioso, pero en realidad no hace nada de bien, es mejor ignorar lo que se pueda decir de la persona, porque a nadie le importa, salvo a la que no tiene tema interesante y recurre a chismes, para hacerse oír. Con cariño Eliana Rojas.