Cuando cumplimos cincuenta, sesenta o más, estamos llenos de vida y energía. Tal vez tenemos arrugas, pero en esencia somos los mismos. Algunos queremos seguir trabajando, en jornadas parciales y a honorarios, pero sólo nos ofrecen voluntariados o nos pagan la cuarta parte de lo que antes nos pagaban.
No pedimos una limosna. Queremos oportunidades similares a las que teníamos antes. Ofrecemos a cambio, experiencia, habilidad adquirida por los años de práctica. Y un tiempo dedicado a hacer las cosas bien. Ni siquiera tenemos que preocuparnos por los hijos en horas de oficina.
¿Deben los mayores de 60, quedarse sentados dando de comer a las palomas mientras la sociedad los mantiene en malas condiciones?
















Querida
Maria Violeta: en nuestras sociedades trabajo hay harto, por montones; lo que no hay son pegas a sueldo. Te sugiero que analices el problema que planteas en la perspectiva del emprendedorismo, del auto-empleo. Justamente por ser adultos sabemos hacer cosas. ¡Apuesto que tu haces unas tortas riquísimas, con recetas de la abuela! ¿Quién no te las compraría si las ofreces? Un abrazo.