Es curioso, seguramente ustedes lo han notado en reiteradas ocasiones en que, sobre un mismo objeto (cosa) u objetivo (meta), tenemos diferentes puntos de vista o apreciaciones, como también sobre las personas.
Quiero ilustrar lo dicho con algunos sencillos ejemplos: ¿han observado que el gusto de las mujeres es diferente al de los hombres?
Muchas veces ellas encuentran estupenda a una amiga, mientras nosotros no le hayamos grandes gracias o atractivos. También sucede, como ya lo he bosquejado en otros escritos, que existen las deformaciones profesionales, me explico:
Si tenemos disponible un amplio terreno y pedimos diferentes opiniones, veremos que el médico se imagina un inmenso hospital con edificios separados según las especialidades de salud, con todos sus equipos de última generación, con muchas ambulancias y personal competente donde acudiría mucha gente. El deportista, en el mismo terreno, haría un estadio con un gran complejo deportivo para diferentes disciplinas; el paisajista, crearía un gran parque con lagunas, cisnes, árboles, plantas y flores de distintas especies; el arquitecto, edificaría una ciudad con poblaciones para habitantes, edificios públicos, puentes y caminos; el militar haría fortalezas y campos de batalla, mientras los artistas harían construir una variedad de teatros con distintos escenarios y capacidades para mucho público, con buena acústica y ricamente alhajados y el político, usaría esos escenarios no para el arte si no para llenarlo con sus partidarios y rivales donde competerían en briosos discursos para ganar el aplauso de la masa vibrante y agitada, mientras el ingeniero haría una ciudad industrial que fabricara todo tipo de maquinarias para diferentes usos caseros, comerciales o industriales.
También, con distinta motivación y hasta intereses, preferimos o rechazamos justa o injustamente a las personas. A veces en el primer tanteo al conocerlas, las clasificamos por su status económico-social, por su color político o religioso, sus preferencias deportivas o políticas, artísticas, por su belleza física o simpatía pero, muy pocas veces reconocemos sus talentos, su esencia como persona, menos aún cuando tenemos preferencias sobre alguno que posee en especial y somos aficionados a esa misma actividad y lo(a) identificamos como competencia y así, surgen las rivalidades, afloran nuestras pequeñeces como la envidia, el odio y pasiones que nos impulsan a actuar ya no como personas decentes que pretendemos y simulamos ser, sino con una actitud que encara una realidad de inseguridad, de temores a ser superados y como primitivas fieras acorraladas atacamos muchas veces.
Quizás, si tuviésemos la serenidad en esos angustiosos momentos, de calmar nuestro afán, pudiésemos analizar la situación y ver si somos superados, como hacerlo esforzándonos para alcanzar el nivel o aún lograr mucho más que eso.
Si vemos que nuestras condiciones son limitadas pese al esfuerzo, tener la honestidad de reconocerlo y admirarlo considerándolo como un complemento social o cívico necesario y buscar en nuestro interior qué talentos podemos perfeccionar y con ellos, conseguir el éxito a que cada uno aspira, porque todos tenemos algún talento y el desafío es encontrarlo. Si para ello necesitamos ayuda de otros, creo que el peor error sería querer cambiar el modo de ser o la esencia de las personas con quienes tratamos el tema, si no por el contrario, ayudarlas si, a tratar de desarrollar con éxito sus talentos y aceptándolas, tratar de integrarlas, complementarnos según nuestras afinidades.
Lo bueno, es entender que todos somos diferentes y eso nos conviene porque nos complementamos como los dedos de la mano que ninguno es igual al otro pero todos son necesarios y trabajan en conjunto como un equipo, pero eso, depende de nuestros diferentes y extraños puntos de vista.
Con cariño, Alcibíades.
















Querido Alcibiades
Muy buenas tus reflexiones.
Me hace mucho sentido cuando dices que a veces clasificamos a las personas prejuiciosamente. Me ha pasado en algunas ocasiones que alguien a quien consideraba "pesada" o desagradable, terminó con el tiempo transformando mi opinón e incluso entablando algun grado de amistad.
Todos tenemos un estilo, y cuando alguien parece ser completamente diferente a ese estilo, es frecuente que creemmos defensas y digamos por ejemplo que tal o cual persona nos cae mal, e incluso podemos referirnos de manera injusta o "pelar".
Mis grandes amigas han sido personas completamente diferentes a mi, yo soy más bien tranquila y a veces introvertida, sin embargo algo en la vida me ha juntado con estas personas que son festivas, loquillas, en buen chileno "chicha fresca", jaja.
Lo principal es no subestimar a nadie, pues de quien menos pensamos podemos aprender algo.
Saludos.
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Pachi Vargas