Helen Fisher (Universidad de Rutgers), antropóloga, académica e investigadora, es un referente obligado en foros internacionales por ser una experta mundial en la nueva ciencia del amor, es quien más se ha abocado a estudiar científicamente la biología de las relaciones de pareja, distinguiendo tres etapas parcialmente superpuestas.
La antropóloga recurre a las neurociencias para demostrar y defender su definición tripartita del amor postulando que, desde hace millones de años, el ser humano fue desarrollando evolutivamente tres sistemas cerebrales relacionados con el apareamiento, el emparejamiento y la reproducción. Consisten en tres mecanismos emocionales básicamente diferentes, regulados hormonalmente por distintas sustancias químicas, que utilizan circuitos neuronales relativamente independientes, pero interconectados de manera tal que pueden interactuar entre sí y funcionar en forma conjunta. Se trata de:
- Lujuria o Atracción Sexual
- Enamoramiento o Amor Romántico
- Apego o Lazo Afectivo profundo propio de los vínculos perdurables
Estos tres impulsos están hondamente integrados en el cerebro humano y Fisher sostiene que van a sobrevivir mientras sobrevivamos como especie. Compartirían una profunda raíz evolutiva, en la medida en que su balance controla la reproducción humana. En casi todas las especies de mamíferos, el cortejo se caracteriza por un despliegue de energía, persecución, prosecusión, protección y celos ante posibles rivales.

Helen Fisher considera que el impulso lujurioso evolucionó, desde un deseo indiscriminado, a elegir a alguien en particular con quien lograr la gratificación sexual, de entre toda una gama de parejas potenciales. Entonces, el desarrollo del amor romántico, con su euforia y obsesividad, nos permitió enfocar toda la motivación de acoplamiento en un solo individuo a la vez, de forma de preservar tiempo y energía para futuros apareamientos hasta que se produzca la gestación. En tanto que, finalmente, el impulso de apego, con sus sensaciones de seguridad y calma, se habría generado con el fin de posibilitar la permanencia al lado de esa pareja, al menos el tiempo suficiente como para criar a un hijo juntos en equipo. Es así como los estudios muestran que un estado es el enamoramiento y otro muy distinto es el amor.
Actualmente, la neurobiología ha avanzado, en general, hacia esta definición tridimensional del amor, la cual vendría a corroborar, hasta cierto punto, la teoría de los tres componentes del amor de Robert Sternberg. La Pasión correspondería a la atracción sexual; la Intimidad al enamoramiento y el Compromiso al apego duradero. Sin embargo, cabe mencionar que, si bien las relaciones de pareja responden hasta cierto punto a la ciencia, no debemos descuidar el rol de lo cultural y lo psicológico.















Interesante clasificación
Muy descriptivo el desarrollo evolutivo de nuestras atracciones sexuales, reproductivas y placenteras.
Lo importante es vivir, experimentar, disfrutar, reflexionar y concluir, pero estos verbos los podemos conjugar solo en la Tercera Edad, lo que nos hace comprender, verificar y aprobar tan cierta clasificación.
Ahora me pregunto, cual de las tres han dominado mi relación de pareja.
Interesante clasificación que nos asombra y nos hace sonreír.
Jorge
Los que ya somos mayorcitos sabemos de la profundidad y plenitud que podemos brindarnos dentro del amor maduro, dentro de una relación donde prima el apego, pero que no significa que dejemos de lado la pasión y el romance.
Gracias por comentar
Ale
PSICOLOGÍA Y MÁS / Blog de Alejandra Godoy Haeberle