Un día me llevó a Santiago. El tren, aerodinámico y funcional para la época, se llamaba "El Flecha del Sur". No se detenía en la estación de Rengo. Salvo que algún pasajero pagase para ello. Mi padre podía darse ese gusto.
Ya en la capital, visitamos el Zoológico. ¡Quedé fascinado por el Funicular! Cuando mi viejo ofreció regalármelo, me negué. La razón que dí: "Padre, no existe un papel tan grande para envolverlo".
Muchísimos años después, fuí al Zoo con mi familia. Portaba una cámara Nikon. Fue a fines de abril de 1990. La única vez que fotografié a la elefanta Fresia. Puede apreciarse vegetación al fondo de la escena, fuera de su sitio ¿De vida?. Al frente y abajo, entre los trozos de adoquín, y los pinchos de hierro, unas cuantas briznas de maleza. Esa era su selva. Frente a sus ojos, los niños que la adoraban y le hacían olvidar momentaneamente su magro y desdichado entorno. Y uno que otro adulto que la fotografiaba, para recordarla como lo hago hoy....
Muchísimos años después, fuí al Zoo con mi familia. Portaba una cámara Nikon. Fue a fines de abril de 1990. La única vez que fotografié a la elefanta Fresia. Puede apreciarse vegetación al fondo de la escena, fuera de su sitio ¿De vida?. Al frente y abajo, entre los trozos de adoquín, y los pinchos de hierro, unas cuantas briznas de maleza. Esa era su selva. Frente a sus ojos, los niños que la adoraban y le hacían olvidar momentaneamente su magro y desdichado entorno. Y uno que otro adulto que la fotografiaba, para recordarla como lo hago hoy....

















Recuerdos