La motivación es palabra que reemplaza hoy a lo que hace tiempo llamábamos “fuerza de voluntad”; significativa e importante palabra. Se debe estarlo para emprender una charla cuando estamos en medio de un grupo de personas, para la diversión, para el esfuerzo, para sensibilizarnos ante el dolor de los otros, y por sobre todo, estar profundamente motivados a seguir cada día viviendo la vida aunque las condiciones no sean las mejores. Ciertamente, todos, cual más cual menos llevamos una vida activa exigente, décadas atrás. Lo que no se sabe es cuantos nos preparamos para llegar a esta etapa donde los 65 ya quedaron lejos... donde flaquean un poco las fuerzas, pero lo que más falta es el entusiasmo. Lo que vemos y oímos nos desencanta y es difícil el día a día.
Qué hace que una persona mayor olvide o deje atrás las propias limitaciones y la metralla de acontecimientos a veces tan poco agradables que nos caen encima, y salir al fin de la inmovilidad, física y anímica. Ni más ni menos que el núcleo familiar, ni más ni menos que encontrar una acogida buena y amable, sincera en los cercanos. El amor familiar y la amistad, son la verdadera motivación para que nos pongamos lindos y sonriamos aún con la sombra de los achaques que nos persiguen, y sintamos que vale la pena intentar saber qué pasa fuera de las cuatro paredes tibias de nuestro cuarto. La motivación de sentirse queridos, necesitados, y respetados, son y serán el incentivo para seguir adelante.
















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