Hoy martes 20 de abril al ir en la mañana a cumplir con la campaña solidaria y entregar ropa a nuestra amiga Andrea Bustos para los adultos mayores de Hospicio de Talca, me encontré en ese trayecto, en calle Ahumada, con mi compañero de curso de preparatorias del Liceo de Aplicación, René Valenzuela Bejar. De los años 1950 -1959.
Mi compañero no me conoció ya que han pasado más de cincuenta años.
Al abrazarle le dije ¡estamos vivos! Somos del Liceo de Aplicación.
Ahí logró conocerme y me preguntó por los demás compañeros, le dije que nos veíamos dos veces al año, el aniversario en julio y convivencia anual la primera semana de noviembre.
Mi compañero vivió en Europa, España caso 30 años, allá la vida parece ser más dura, exigente con escasa convivencia, le vi retraído, pensativo y silencioso, pero siempre con su espontánea sonrisa, observador y su mirada fija.
Le encontré su rostro, gestos y conversación igual que cuando fuimos jóvenes, será porque la juventud no pasa, si, me refiero a la verdadera juventud del alma y del pensar.
Lo que si ambos compartimos es el “urra muchacho noble y contento y muy contento por la vida”, como dice nuestro himno del Liceo de Aplicación
Después de un gesto solidario, Dios me ha premiado, al ver a mi compañero de juventud.
















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