Doña Justicia

Enviado por Jaro Narváez Cabrera el 24/09/2007 a las 0:41
Jaro Narváez Cabrera

Enrejados hasta los techos, alarmas electrificadas o con sirenas, que despiertan a todo un barrio, perros guardianes, ventanales con vidrios de seguridad, circuito cerrado de TV, cajas fuertes, chapas de última generación, conserjes a la entrada de edificios y condominios y nos sentimos inseguros.

Los chicos malos llegan con mucha propiedad, amenazan, rompen puertas, disparan y si es el caso no vacilan en matar. Se saben de memoria las leyes, que más que condenarlos les protege. Por eso van seguros a hacer su “trabajo” teniendo asumido que no es un delito. Nada se les escapa: casas, autos, farmacias, bancos y todo lo que se les ponga por delante.

Pero si por obra del de allá arriba la persona atacada se defiende y gana la batalla, que se atenga a las consecuencias, ahí si actúa la justicia y además los familiares del delincuente apedrean, insultan a las autoridades, pegan a los carabineros, amenazan a todo el mundo, generando un temor colectivo y si por desgracia el delincuente muere, de domicilio y hasta de identidad hay que cambiar.

Ellos son los inocentes pobrecitos trabajadores, sus familiares, amigos y demáses, acompañan a la viuda con su retoño, a quien lo han bautizado con el nombre del difunto, al que le rezan, lo velan y él hace milagros desde su tumba atiborrada de ofrendas, mensajes y consignas con acompañamiento de balazos.

Reclamamos por la falta de rigurosidad de la justicia, pero nada más hay que ver a los encargados de ejecutarla, parece que nunca han tenido, ni siquiera un encuentro con una pelea de perros. No saben cual es el bueno o el malo. Y por si fuera poco, tienen compasión de quien ha arrancado el corazón a un hombre y a una familia.

Creo que para dictar un juicio hay que conocer la sociedad en que vivimos. De una Universidad pasar a un juzgado o fiscalía, es como cambiar de pupitre. Debería existir una exigencia por conocer las diferentes clases de violencia que tiene la sociedad. Como Jesucristo se perdió en el desierto y aprendió formas para dirigir multitudes y hacer milagros, así también los ejecutores de justicia, necesitarían esos 40 días y 40 noches en una población dónde las balas se cruzan en una maraña de delitos. De ahí se sacaría el criterio y equilibrio para esa balanza de la Señora vendada como gallina ciega, Doña Justicia.

Doña Justicia

Enviado por el 27/09/2007 a las 13:22
Sonia Isabel Sanchez Zepeda

Que gran análisis, me aterra pensar que esta es la herencia que dejaremos a nuestros nietos." FELICITACIONES "

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