
La paradoja de esta etapa de reconstrucción que enfrenta Chile, está en la necesidad imperiosa de recuperar el tejido social y que sea el Gobierno de Sebastián Piñera, de doctrina neoliberal, el que deba hacerlo. Sería parte del pragmatismo que demanda la tragedia vivida, el que Piñera deba aplicar políticas públicas keynesianas, dado que será indispensable un Estado locomotora de la reactivación, con las familias de Chile participando de manera protagónica del esfuerzo en autoayuda.
El
nuevo gobierno de la Alianza por el Cambio enfrenta una situación de
catástrofe, de la cual el país no podrá salir si no se adoptan con pragmatismo
medidas adecuadas.
El
efecto del mega terremoto y maremoto que ha asolado el centro sur del país, ha
demostrado la debilidad que suponen conglomerados humanos que están marcados
por el individualismo, sin organizaciones vecinales que permitan la
canalización de ayuda en forma compartida.
En
los primeros días del terremoto se vio que la falta de una sociedad organizada
en juntas vecinales, en planes cuadrantes, en agrupaciones vecinales, se
constituía en una de las mayores dificultades para poder recolectar información
de lo acaecido y canalizar la ayuda de manera segura y oportuna. No había
un mapa de la sociedad civil en términos de organismos de base. Se demostraba
en la práctica un divorcio entre la sociedad civil y la clase política
gobernante.
Explicar
el fenómeno exigiría leer muchas variables interdependientes, pero no es del
caso. Baste con señalar que la dispersión social se produjo por más de 20 años
de funcionar en un sistema individualista, en donde desde los gobiernos se ha
aplicado un manejo cupular y centralista de la cosa pública.
Y
ahora, para lograr que las familias damnificadas se puedan integrar a la
reconstrucción de sus casas y pueblos, es necesario recomponer esas relaciones
de vecindad, recuperar confianzas, incentivar la cooperación entre familias,
entre vecinos. Vimos como esa ayuda mutua surgió de manera natural en momentos
extremos, para evacuar, para defender la vida o la propiedad familiar
amenazadas por bandas de delincuentes que sembraron el pánico.
Esa
relación nueva entre vecinos es la energía que se debe aprovechar para la
autoayuda, para verdaderas mingas de la reconstrucción, donde el damnificado no
espera que le hagan las cosas sino que las hace él mismo, funcionando con
reciprocidad, hoy por ti , mañana por mi. Es necesario que Chile recupere una
sociedad vertebrada en unidades que funcionen de manera organizada. Las viejas
juntas vecinales hoy no existen, fueron cooptadas por los partidos
políticos y el caudillismo local, cada persona se aisló en su espacio y esto
favoreció que en las poblaciones apareciera el fenómeno del microtráfico y las
mafias ocupando los espacios públicos.
La
autoayuda y la recuperación del tejido social en Chile serán fundamentales para
la reconstrucción. Mirar en la historia lo que fuera la Promoción Popular del
gobierno de Eduardo Frei Montalva, o las JAP del gobierno de Allende, significaría
mirar sin trancas ideológicas esa experiencias positivas de organización
social. El cooperativismo y la autoconstrucción de viviendas, a cargo de sus
propios dueños, con un trabajo en colaboración, permitió alcanzar casas bien
construidas, donde las normas de seguridad se respetaban, lo que se demuestra
hasta hoy en poblaciones que no han sufrido ni un rasguño, en comparación con
las viviendas sociales entregadas a intermediarios privados que han colapsado
en su gran mayoría.
Es
tan grande la falta de viviendas que ha dejado la catástrofe y está tan
cuestionado el sistema de subsidios indirectos a través de constructoras
privadas, que funcionaron en las últimas décadas con manga ancha y sin un
control efectivo, que la única salida masiva para salvar la emergencia, sería
impulsar un programa nacional de autoconstrucción, con subsidio directo a las
familias damnificadas, agrupadas en poblaciones, en manzanas, en condominios,
con gestión directa en el proceso de levantar sus viviendas. El gobierno
debería diseñar un módulo básico de viviendas definitivas para la clase media
que pudiera ser ampliable, promoviéndolo con una entrega directa de subsidios a
grupos de vecinos mancomunados, quizás a través del Banco del Estado,
favoreciendo la asociatividad entre vecinos y el resurgimiento de vecindades
que se sumen en barrios dignos y seguros, una suerte de condominios gestionados
por sus propios dueños, con auspicio público.
Esto
sería, sin dudas, un elemento clave para multiplicar esfuerzos, aplicar una
participación efectiva de la gente, incentivar la auto ayuda y sentar las bases
de comunidades locales bien planificadas, con mayor seguridad y con capacidades
de autogestión para la solución de sus problemas más inmediatos, como lo serían
recuperar los servicios básicos, la vivienda digna, segura, humana y pensada
como convivencia de vecindad, como barrios más seguros que erradiquen las
amenazas de la droga y la delincuencia en general.
















Reactivar los consejos de curso
Con cuanta pena y asombro vi en todos los niveles educacionales, el poco interés otorgado en esta hora de la semana. La que era hora libre, de juego, de recuperación y de cualquier cosa menos desarrollar el liderazgo. (Según investigación en 500 colegios)
Primero por la escasa capacidad de los profesores en comprender la utilidad de esta hora de clase, como profesores jefes, al obtener la real participación y colaboración de todos los alumnos y lograr el desarrollo del liderazgo que tanta falta también hace en nuestro medio social.
Mediante la enseñanza de conductas en esta hora de clases se desarrolla la solidaridad, el clima, las relaciones humanas, la comunicación, y más que nada la organización social.
Vemos siempre el poco interés en formar directivas, eso es por falta de capacitación. Y porque no falta de educación en el desarrollo de los objetivos transversales.
Esta capacitación se obtiene en esta hora de la semana, donde todas todos los alumnos y alumnas tienen responsabilidades a desarrollar de acuerdo a sus intereses, aptitudes y capacidades, no siendo necesario exigir sino llamar a colaborar por el bien del grupo curso.
Con un dinámico, organizado y motivador CONSEJO DE CURSO, de los pupilos y pupilas los apoderados se integran inexplicablemente y todos forman una red de protección, ayuda y emprendimiento.
Al respecto lo practique siempre como profesor normalista y del curso egresaban todos capacitados para integrar directivas deportivas, culturales, vecinales, educacionales, sociales, laborales y muchas que la sociedad requiera.
Al tener organizaciones capaces, todo de resuelve con seguridad rapidez y calidad.
Estas capacitaciones de organizaciones o redes sociales serán más urgente que nunca a todo tipo de dirigentes, concejales, alcaldes, gobernadores intendentes, diputados, senadores e incluso ministros en este nuevo CHILE el que debemos reconstruir, reformular y recapacitar
La calidad de la educación se evalúa en la conducta y el desarrollo del pensamiento de los alumnos, no en exámenes escritos de contenidos inaplicables en su mayoría
¿No es verdad amigo HERNÁN?