El horror del terremoto y maremoto, nos hace mirar al interior de nosotros. Hoy nos sentimos hasta avergonzados de lo que tenemos, estamos con "un pasar digno" como dirían las autoridades, tenemos una salud estable y sin mayor problema, o sea tenemos todo lo que muchos chilenos perdieron o lo que es peor, nunca tuvieron. Y estamos tristes. De repente nos damos el permiso para reír, de alguna talla insulsa, sin asunto, pero nuestra risa suena falsa, destemplada, sabemos que la herida por la desgracia y las conductas, están ahí y estarán, sangrantes mucho tiempo, quizás eternamente. La desgracia nos azotó inclemente y miramos nuestras debilidades, nuestras omisiones, con ojos acusadores. Vemos con descarnada claridad la falta de piedad que hemos tenido muchas veces en el diario vivir, ¿cuantas veces no quisimos ponernos en el lugar del otro? Y vemos que nos sobra el miedo de confiar, miedo de ser vulnerables, de ser burlados. Y no podemos ser felices, la felicidad de instantes, esa siempre tan huidiza, y esquiva, se vuelve más imposible de alcanzar que nunca. Y así estoy con esta sensación de querer despertar de este mal sueño, descarnado, doloroso y tan real que duele y acongoja.
















En la actualidad es...
Muy difícil ser enteramente feliz, con todo lo que ha pasado, no podemos ser indiferentes ante el dolor y la desgracia ajena. Ana, ojalá hubiese sido un sueño...Un abrazo.