Con plumaje de luto, la milana,
hoy llorosa, los campos sobrevuela.
Que se ha muerto en su casa de Pucela
el mejor de la lengua castellana.
Triste llanto el que suena en la mañana,
escondióse hasta el Sol y hay una esquela
que pregona el final de la novela.
Con dolor va doblando la campana.
- ¡Que nos falta Miguel! -, está gritando
mientras tañe sus cánticos de duelo.
Todo el mundo en España esta llorando,
Azarías solloza sin consuelo.
¡Basta ya de gemir! No son instantes,
pues charlando se encuentra con Cervantes.















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