
Sucedió ayer al mediodía: Voy caminando por el centro de Santiago.
Frente al Teatro Municipal hay una cinta plástica que impide el transito peatonal.
Delante de mí va caminando una señora delgada y bien vestida.
De pronto, el tacón de su zapato es atrapado por una grieta en el suelo. Descalza, se detiene y, mientras se vuelve a colocar el zapato, la miro y exclamo entre sorprendido y agradado: “¡
















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