Dos minutos de tu tiempo
me negaste ayer mañana...
Cuando bien te satisfizo,
¡horas enteras me dabas!
Ayer hablabas con miedo,
por si el marido escuchaba.
Entonces, nada temías...
¡Hay que ver cómo se cambia!
Simulando, preguntaste
por mi “nietuca”... ¡Caramba,
ni que fuera yo una amiga!
Pues no, porque tengo barba.
Eso es que estaba tu esposo
cerca de ti y tus palabras,
si las escucha, podrían
robar quietud a su calma.
¿Y entonces no se dio cuenta
de que adornabas su frente?
O acaso le interesase,
para hacer lo que quisiese.
Eso tú debes saberlo,
puesto que a su lado duermes.
Antaño nunca lo hacías
y me llamabas mil veces.
Decías que estabas sola,
que ansiabas volver a verme
para estrecharme en tus brazos
como si fuera un pelele.
Y en verdad que eso fui sólo
de tu lascivia: Un juguete
que manejaste a tu antojo.
¡La vieja historia de siempre!
Pues desde Adán se repite
que dominan las mujeres
y a sus caprichos doblegan
hasta al mismísimo Hércules.
Pues de nada sirven fuerzas
como una mujer se empeñe.
Os llaman el sexo débil...
¡Qué estúpido el que así piense!
Vientos del Norte te puse
y el nombre muy bien te viene.
Aunque más que un simple viento
eres huracán en ciernes.
















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