La necesidad de pertenecer es una necesidad ancestral. Cuando una persona, niño o adulto, ingresa a un grupo, busca situaciones de seguridad, estableciendo contactos y entornos que le garanticen que es aceptado, que es reconocido y que es valorado en esa relación.
Testimonio de un niño que cambió de ciudad y de colegio.
Hace pocos años un niño de siete años que vivía en Santiago se trasladó a Valparaíso y fue matriculado en un colegio privado. Después de cuatro meses de clases aún no tenía un solo amigo, sus compañeros lo molestaban y se burlaban de él.
Al año siguiente, en marzo, asistió sólo el primer día de clases a ese colegio. En el momento de acercarse a sus compañeros, estos se tomaron de los hombros y conformaron un círculo impenetrable que congeló la sonrisa y la energía de este niño. El rechazo, la descalificación y la desconfirmación, fue de tal magnitud, que su madre decidió retirarlo y cambiarlo a otro colegio donde existiera la posibilidad de ser acogido y sentir ese lugar como propio. Afortunadamente, esto aconteció como el niño y su madre lo esperaban.
















Carlos
Me has hecho recordar la amarga experiencia vivida hace algunos años al llegar a nuestro país con mis dos hijas, fueron rechazadas por sus pares por su forma de hablar, pronunciando como corresponde nuestro idioma. Los profesores tampoco se percataron. Afortunadamente como padres, reaccionamos rápidamente.