La lepra: un castigo divino?

Enviado por jorge hernandez el 07/08/2007 a las 8:31
jorge hernandez
cara de leon En el Levítico, libro tercero de las escrituras Hebreoarameas de la Biblia, Moisés es llamado ante Dios para recibir instrucciones directas del todopoderoso sobre la forma y el modo en que los hombres deberían aplicar las leyes de la “ofrenda y la demanda” en la empresa de la vida. Los sacerdotes serian los encargados de hacer cumplir esta ley que, fundamentalmente hacia alusión a las impurezas o inmundicias visibles que, una enfermedad deja sobre el cuerpo del afectado. Los Hebreos pensaban que la enfermedad mas allá de un castigo divino era contagiosa, hereditaria y causa de deshonra. La enfermedad se expresa físicamente en la fealdad y el espanto que es el estado de vergüenza, debilitamiento y despilfarro del pecador. En los capítulos 13 y 14 del libro inspirado por Dios en Moisés (Le 13:2) se hace referencia a una enfermedad que se denomina “Lepra”, traducción del hebreo de una patología que aún se discute si es la misma lepra conocida con el advenimiento de la microbiología moderna: “En caso de que un hombre llegue a tener en la piel una erupción o una costra o una roncha y esta alcance hasta su carne, tiene que se llevado ante el sacerdote porque puede ser la plaga de Lepra…”

El sacerdote hacía las veces de médico, pero no para curar sino que, para constatar el mal y aplicar la ley de Dios sobre el enfermo que era al ser declarado impuro o inmundo, debía abandonara la comunidad para no contagiar al resto con sus impurezas. El sacerdote en su análisis diagnostico preliminar, después de una primera mirada a las lesiones del afligido, recetaba al paciente un aislamiento de 7 días, -de ahí surge entonces el termino empleado hasta hoy de la “cuarentena”- luego de lo cual, después de una segunda visita medico-sacerdotal, se dictaba sentencia declarándose al afectado limpio o inmundo. Muchas veces la responsabilidad del sacerdote era tan amplia que, debía otorgar veredictos diagnósticos sobre una gran variedad de manifestaciones anómalas, para dirimir si se estaba en presencia del temido mal de la lepra. La caída del pelo inclusive entraba en la competencia del sacerdote que, debía dirimir si la calvicie era una condición limpia o inmunda, para suerte de los calvos el sacerdote casi siempre los declaraba limpios.

En caso de reversión de la enfermedad, el afectado debía presentarse ante el sacerdote nuevamente para demostrar su pureza. Una vez dictado el veredicto que declaraba sano al paciente de las inmundicias de la lepra, el Dios omnipotente demandaba sus ofrendas en carne y granos. Aves y carneros jóvenes debían ser degollados por el declarado sano para, la conformidad del Dios padre que castiga y perdona, enferma y sana, juzga y sanciona…la ley de la ofrenda así lo exigía y era obligación sacerdotal que esta se cumpliera. Sangre fresca, mucha sangre fresca debía correr por los altares purificatorios, brotando espléndida de las yugulares palpitantes de los corderos jóvenes, recién cercenadas por el bendito cuchillo clerical y salpicar al enfermo libre de lepra. El ritual de curación exigía que un animal fuese quemado junto con los mejores granos de la cosecha para que, los humos de la carne chamuscada y la mies de la tierra se elevaran a los cielos en señal de que la ley de la ofrenda estaba siendo cumplida.

La lepra se ha descrito en la india tan temprano como 1500 años antes de cristo, en Japón 1000 años antes del nacimiento del Mesías. Se sabe poco de su arribo por aquellas tierras pero, se cree que su origen estaría en Egipto. En los antiguos “papiros” egipcios se señala a las malas aguas del Nilo como responsable del mal que, asociado a la baja salubridad de sus gentes permitieron su diseminación fuera de las fronteras del país de los faraones. El éxodo de los hebreos desde Egipto habría llevado consigo el mal por los territorios que recorrían en pos de la tierra prometida. Los marineros egipcios llevaron el mal hasta Siria, Grecia y los países de las costas mediterráneas con las cuales comerciaban. Hipócrates la llamo la enfermedad Fenicia. La posterior dispersión de los judíos y las campañas bélicas de los romanos se señalan como responsables de la diseminación de la lepra por Europa. En tiempos cristianos, la ley Real avalada por el papa promulgaba el levantamiento de leprosarios para aislar a los enfermos durante la edad media. La invasión Árabe y luego las cruzadas agravaron la situación extendiendo el flagelo a toda la población que no reconocía edad ni linaje, afectando tanto a plebeyos como a la realeza.

Hacia el 1300 el número de leprosos empezaba a disminuir y las casas de enfermos albergaban a un número decreciente de pacientes. Los leprosos comprobados que no estaban confinados a leprosarios, o asilos debían vestir un atuendo especial y llevar consigo un palmoteador de madera que se hacia sonar para anunciar que se acercaban. Tenian prohibición de entrar a las posadas, iglesias, molinos, tocar apersonas sanas o comer con ellos, lavarse en riachuelos y caminar por senderos estrechos. Siguiendo la legislación del hombre medieval, los leprosos fueron paulatinamente desapareciendo a tal punto que en el siglo XVII se convirtieron en una cada vez más rara excepción al mismo tiempo que se empezaba a diseminar por las colonias americanas y las islas de la gran Oceanía. La lepra es endémica en el norte y oriente de África, Madagascar, Arabia, Persia, India, China, Japón, Rusia, Noruega, Suecia, Italia, Grecia, Francia, España, las islas del Pacifico e indico. Es prevalente en América Central y del sur, Méjico, las indias occidentales, las islas filipina, Hawai, Australia, y Nueva Zelanda. Se le ha hallado en Canadá y Estados Unidos.

La lepra desde siempre ha tenido un estigma. El mal ha sido aceptado como un castigo divino por los pecados cometidos por el hombre y se ha actuado en consecuencia con ello hasta que un bendito día del año 1876, el noruego Gerhard Armauer Hansen descubre el agente causal de la lepra, quitándole parte de la vergüenza que carga el enfermo al demostrar que no es Dios quien castiga al enfermo sino que este ha sido colonizado por una bacteria similar al bacilo de la tuberculosis, llamado Mycobacterium leprae y en honor a su descubridor, se le conoce también como Bacilo de Hansen. Al igual que la tuberculosis, la lepra también tiene tratamiento con el empleo combinado de antibióticos y el leproso ya no es aislado de la comunidad pudiendo integrarse a ella sin restricciones de ninguna indole. El tratamiento actual permite una cura del 99 %. El bacilo desaparece del organismo y el enfermo deja de ser contagioso, sus deformaciones físicas sufren regresión, solo las secuelas neurológicas y los traumas mecánicos en las extremidades son irreversibles. El paciente experimenta una mejoria considerable y su calidad de vida sufre un cambio cualitativo notable.

La lepra tiene periodos de incubación muy largos, a veces hasta decenios. Esto quiere decir que el periodo que va desde el momento del contagio hasta la aparición de los primeros síntomas se puede medir en años. No todos quienes toman contacto con el bacilo de Hansen adquieren la enfermedad y hay un componente genético que hace a algunas personas inmunes al flagelo. La lepra puede tomar dos caminos de expresión: tuberculoide y lepromatosa. Esta diferenciación tiene que ver con la respuesta inmunológica de los pacientes y sus manifestaciones físicas visibles. En la lepra tuberculoide se produce una buena respuesta inmunológica celular pero una baja producción de anticuerpos y en los tejidos infectados hay relativamente pocos bacilos. En la lepra lepromatosa por su parte, aparecen maculas eritematosas, pápulas y nódulos, destrucción de tejido cartilaginoso nasal y de las orejas apareciendo en fases avanzadas la típica “cara de leño” (facies leonina), también los nervios periféricos se ven afectados con perdidas sensoriales que trae traumas secundarios en pies y manos por falta de sensibilidad.

Un caso anecdóticamente trágico sobre el tema, lo tenemos en nuestra propia Isla de Pascua donde la lepra se ha establecido recientemente. Se dice que los primeros leprosos fueron un grupo de polinesios expulsados por los franceses desde las islas aledañas a Tahiti como un elegante forma de deshacerse del problema en su propio territorio. Sin embargo, el terrible mal esta bajo control en la isla y el leprosario actualmente alberga un centro de estudios secundarios.

¡El castigo divino de la lepra se rinde y empieza su retirada ante el emergente conocimiento humano!

Ligera corrección

Enviado por el 28/11/2007 a las 11:51
José Hernández

Hola.

Quisiera hacer una aclaración sobre el origen del término "cuarentena". No seré confrontativo, pero sí pretendo aclarar que el término "cuarentena" no es exactamente originado de "los 7 días de espera" que daban los sacerdotes a los enfermos de Lepra. Durante la Edad Media, la peste negra avanzó desde la Península Itálica hacia el resto de Europa. Una vez que las victimas superaban los miles de personas, los consejeros de Florencia u otra ciudad italiana que no recuerdo bien, intuyendo que la peste venía del exterior, decretaron que cada barco que llegase al puerto debía mantenerse a una distancia razonable sin que ninguno de sus pasajeros ni marineros desembarcase durante un período de 40 días.
Si estaban enfermos, luego de cuarenta días ya no habrían sobrevivientes que traspasaran la peste a tierra. Si sobrevivían a la cuarentena, entonces no estaban infectados.
Ahora bien, el hecho de "esperar 7 días" puede ser tomado también como una cuarentena, pero no es el origen exacto del término, sino que un antecedente y que, junto a la versión que estoy entregando, puede tener algo de común, porque 7 días y 40 días tienen una relación muy estrecha en la religión cristiana, católica y judía.

Corrección y antecedentes

Enviado por el 25/09/2008 a las 16:18
Marcos Moncada Astudillo

Muy bueno el artículo (aunque no comparta la "ironía" contra la religión) solo quisiera aclarar que Francia no expulsó a los leprosos, en realidad, los primeros contagiados venían de Tahíti, pero fueron trasladados por cortesía de la Armada de Chile que de ese modo REPATRIO GRATUITAMENTE a quienes se habian desterrado para huir de la esclavitud.

Alberto Hotus. presidente del Consejo de Ancianos de Isla de Pascua, en el libro colectivo "TE MAU HATU O TE RAPA NUI" ("Los soberanos de Rapa Nui")  describe la llegada del mal a la isla, tal como lo recuerda la tradición rapanui.

Alberto Hotus, además es enfermero Naval y Suboficial Mayor (R) de nuestra marina de guerra.

Posteriormente, a contar de la década de 1930, el Teniente 1º (Sanidad Naval) Dr. Ricardo Tejeda, se especializó en otros paises, llegando a ser un referente a nivel mundial en el estudio y combate de esta plaga, iniciando primero como médico de la Armada y luego, además, como Gobernador de la Isla, el tratamiento DE VANGUARDIA para la época que permitió frenar esta horrenda plaga.

Posteriormente, en la década de 1960, nuevamente la Armada de Chile, hace un tremendo esfuerzo y trae a Chile a la Dra. Von Belling, especialista internacional que desarrolla un novedoso tratamiento que FRENA la lepra en la isla...

Actualmente solo quedan algunos antiguos "secuelados", personas que quedaron con secuelas físicas por pérdida de miembros o partes del cuerpo, pero ya no alojan en sus cuerpos al temible bacilo.

EL FIN DE LA LEPRA ES UN LOGRO QUE NO SE LE HA RECONOCIDO A NUESTRA ARMADA NACIONAL, para dimensionarlo, baste considerar que este mal no se ha terminado en los paises donde estudió el Cdte. Tejeda. 

http://polinesia-chilena.blogspot.com


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