Son raros. Algunos salen temprano a la mañana y se empeñan en ganarle
al sol. Otros se insolan al mediodía, ó en la tarde intentando estos
últimos que no los atropelle un transantiago o un auto al volver por la
noche. Están locos.
En verano corren, trotan, transpiran, se
deshidratan y finalmente se cansan… sólo para disfrutar del descanso.
En invierno se tapan, se abrigan, se quejan, se enfrían, se resfrían y
dejan que la lluvia les moje la cara.
Pasan rápido por el lecho
de un rió, despacio entre los árboles, serpentean caminos de tierra,
trepan cuestas empedradas, trotan en la berma de una carretera perdida,
pisan hojas secas, suben cerros, saltan charcos, atraviesan parques, se
molestan con los autos que no frenan, disparan de un perro y corren,
corren y corren.
Escuchan música que acompaña el ritmo de sus
piernas, escuchan a los ambulantes, cuidadores de auto y a las
gaviotas, escuchan sus latidos y su propia respiración, miran hacia
delante, miran sus pies, huelen el viento que pasó por los eucaliptos,
la brisa que salió de los naranjos, respiran el aire que llega de los
pinos y entreparan cuando pasan frente a los jazmines. Yo los he visto.
No están bien de la cabeza.
Usan zapatillas de marca y gastan
calzados. Traspiran camisetas, calzan gorras y miden una y otra vez su
propio tiempo. Están tratando de ganarle a alguien. Trotan con el
cuerpo flojo, pasan a la del perro que generalmente esta presto a
hacerle pasar un mal rato… y siguen. Se inscriben en todas las
carreras… pero no ganan ninguna. Texto de Correcaminos: Rodolfo Becker
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¿ QUE ES UN RUNNING O CORREDOR ?















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