
Es el final de un tórrido atardecer. Sin signos de vida. Salvo este fotógrafo que captura la escena.
Piedras resecas. Unos rieles que se bifurcan y reencuentran en una zona donde hace años ya no pasan trenes. Y los solitarios postes que semejan estoicos guardianes de la nada misma...
















Don Ricardo:
Esa foto es como la vida misma... al final no hay nada, o nada que sepamos, sin embargo tener algunas metas, aunque sean a corta distancia es muy bueno, da la impresión que seguiremos viviendo... y mucho. Cariños.