La triste indefensión de la Tercera Edad...

Enviado por Ricardo Aliaga Bascopé el 17/08/2009 a las 11:39
Ricardo Aliaga Bascopé

Algo que nunca mas quisieramos volver a leer...

Ricardo

Enviado por el 17/08/2009 a las 12:08
Alejandra Godoy Haeberle

Espantoso! No cabe ningun otro comentario.

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BLOG DEL SER HUMANO: su Psicología, sus Relaciones y sus Circunstancias

 


Tercera edad.

Enviado por el 17/08/2009 a las 17:26
 Eliana Rojas Ramirez

Pensar que muchos dicen que hay que tratar con respeto a las personas de la tercera edad   ¿Dónde quedó el respeto  en este hospital?


La cosa no es como en la tele...

Enviado por el 18/08/2009 a las 9:30
Romina Leticia Millán F.

Una vez estuve en la urgencia de un hospital X por una crisis asmática, frente a mí había una anciana conectada a una manguerilla con oxígeno y a un suero, en pésimo estado, yo la miraba y pensaba que la mascarilla con la que me nebulizaban no era nada en comparación con su estado de salud. Pasé horas ahí, entre la nebu, el suero y el control, vi llegar e irse gente con crisis respiratorias, la señora y yo (que estuve muy mal y terminé hospitalizada con neumonia) seguíamos en control, una frente a la otra. De vez en cuando algún enfermero la miraba, le tomaba el pulso, anotaba cosas. De pronto me quedé mirándola por largo rato: "Señor, discúlpe, la señora no está respirando", le dije al enfermero "No mhija lo que pasa es que ella respira muy despacito y por eso parece que no está respirando", la miré unos segundos más "Señor, vaya a ver a la señora por favor, porque no está respirando", la miró, la examinó e hizo una llamada telefónica, al rato apareció un doctor que anotó cosas en una hoja, preguntó la hora y firmó. El enfermero ante mis ojos, tranquilamente destapó el cuerpo de la señora y lo lavó con una esponja, la cambió desnuda de la cama a una camilla y la envolvió completamente con una sábana, de los pies a la cabeza, hizo una especie de "lulo" que cubrió luego con una sabanilla. La sacó de la habitación y volvió para cambiar las sábanas de la cama. Entró nuevamente el doctor y le pidió que llamara a la familia: "no tiene doctor, viene de la fundación", le contestó "entonces llame a la fundación". Terminó de hacer la cama y llamó a la fundación de la que hablaban, a los pocos minutos llegó otra señora a ocupar la misma cama.

Me arrepiento mucho de no haber hecho ninguna averiguación para poder acompañarla en su funeral, pero bueno, ya no lo hice, no supe ni su nombre.


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