Poemas Inéditos

Enviado por Manuel el 22/07/2007 a las 18:53
Manuel

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de Gabriela Mistral.

El periodista Luis Vargas Saavedra, junto a Doris Atkinsons, la albacea del patrimonio de Doris Dana, reunieron la colección de su tía y de Gabriela Mistral; en resúmen, el periodista informa que entre las pertenencias de Gabriela Mistral hay alrededor de 400 carpetas, se han escaneado 500 cartas inéditas y 78 poemas de los cuales, ahi van estos dos...(Publicados en extenso por el Mercurio hoy domingo 22/07/07)

Nótese que en ambas habla de sí misma.

Enferma

Lucía ya no baja nunca.

Ahora no brilla en su Puerta

y no desciende mordiendo

las escaleras como saeta.

Tiene sed y no baja al pozo.

Guarda su reino y no se acuerda.

O bien se acuerda y se ha quedado

entrabada como la yerba.

Será tan otra así tendida,

de la Lucía verdadera

y callada, tan diferente

el cuerpo suyo,

ramo de fiestas.

Estará blanca de no mirar

a las cosas que son violentas,

de no coger vestidos rojos

y no voltear jarros de greda.

Se irá olvidando, si no se alza

del cogollo de su cabeza

y de cuando cortaba el viento

con su alzada de gran cierva.

Viudos de ella y sordos de ella,

preguntamos todas las cosas

que la cargábamos, ligeras:

yo, la hora del mediodía,

yo, su patio con la ceiba,

yo, el umbral de su pisada,

yo, su Puerta que la medía

y me cogí su cabellera,

yo la dueña de su relámpago,

yo pobre Puerta, su Puerta,

y nosotros, secos umbrales

que crujíamos solo de ella.

CASANDRA

A las puertas estoy de mis señores

blanca de polvo y roja de jornadas,

yo, Casandra de I1ión a la que amaron

en su patria los cerros y los ríos,

la higuera oscura y el sauce pálido,

el cordero del mes y el cabritilla,

el huérfano y también lo inanimado.

También la hora y el día me amaron,

menos el día yerto del exilio.

Al primer carro de los vencedores

subí temblando de amor y destino

en brazos del que amé contra mí misma

y contra llión, la que hizo mis sentidos,

y cuando ya mis pies no la tocaron

mi Patria enderezada dio un vagido

como de madre o hembra despojada:

voz de ciervo o leoncillo

ternerillo o viento herido.

Miré el tendal oscuro de mi raza

y tales rostros no me vi en los bárbaros.

Todo me amaba dentro de mi casta

y sobre el rostro de I1ión todo fue mío:

dátil de oro y semblantes de oro,

las islas avisadas, los riachuelos.

Pero yo, para ser la hembra eterna

no amé el amor y he amado al enemigo.

El vencedor cuyo rostro da frío

en su carro me trajo y en su pecho,

y he cruzado arenales y bajíos,

y las aldeas arremolinadas

al eco de mi nombre ya maldito,

y yo no las he visto ni escuchado

de traer en mi bien los ojos fijos

y de venir recitando mi muerte

como un refrán desde niña sabido.

Escucho tras de las puertas de bronce

los pasos de la hembra que se acerca

y que me odia antes de haberme visto.

Tampoco en la Tebas le valen puertas

de bronce a la mujer apercibida

para no oír la hora que. camina

sin sesgo hacia Casandra y Clitemnestra..

Yo soy aquella a quién dejara Apolo

en pago de su amor los ojos lúcidos

para ver en el día y en la noche

y ver lo mismo arribar su ventura

que su condenación. Así Él lo quiso.

Todo lo supe y vine a mi destino

sabiendo día y hora de mi muerte.

Vine siguiendo a mi enemigo y dueño.

rehén y amante, suya y extranjera,

sabiendo de su muerte y de mi muerte

y de la eternidad de ambos hechos.

A las puertas estoy oyendo el paso

De la hembra que me odia ames de verme

escuchando los pasos presurosos

De la que ya apuró su vaso rojo

Y viene en busca del segundo sorbo.

¡Voy, voy! Ya sé mi rumbo por la sangre

de Agamenon que en su coral me llama.

Tampoco la mujer apercibida

que está golpeando a las puertas extranjeras

dejó de oír la hora que venía y venía

recta hacia ella y Clitemnestra.

Todo lo supe y vine a mi destino

recta hacia el sitio de mi acabamiento.

Sin llanto navegué por mar de llanto

Yo vine, aunque bien sabía

y bajé de mi carro de cautiva

sin rehúsa, entendiendo y consintiendo

No vale iguay! el bronce de la puerta

para que yo no vea a la que viene

por camino de mirtos a buscarme

ebria de odio y recta de destino

La mujer sanguinosa me detestaba

pero es la sangre de él la que me ciñe

y el hilo del coral quien lleva

consigo a aquella que es rehén y amada

y las puertas se cierran sobre aquella

que de veinte años lo tuvo sin amarlo

y a quien yo amé y seguí por mar, islas,

penínsulas

y aspirando en el viento del ábrego

la bocanada de la patria suya.

Vi Atenas antes de tocar su polvo

y veo la chacala de ojos bizcos,

le veo la señal apresurada

y el botín de mi cuerpo en sangre tinto.

Ya abre las puertas para recibirnos

según recibe el cántaro reseco

el chorro de su cidra o de su vino,

con tu cuerpo gastado cual las rutas

deseada fui como la azul cascada

que ataranta los ojos del sediento.

Ya estamos ya, los dos, ricos de púrpura

y de pasión, ganados y perdidos,

todo entendiendo y todo agradeciendo

al Hado que sabe y me salva.

Ya me tumban tus sanguinarios siervos

y ya me levantan en faisán cazado

pero el alto faisán de tu deseo

después de su rapiña y de su hartazgo

te dejará en las manos de sus siervos

y volarás conmigo los espacios

ricos de éter y de constelaciones.

Antes del alba habré recuperado

yo al Agamenón, al rey de hombres

en él voy de vuelo, ya voy de vuelo.

Gabriela Mistral

 

 

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