
de Gabriela Mistral.
El periodista Luis Vargas Saavedra, junto a Doris Atkinsons, la albacea del patrimonio de Doris Dana, reunieron la colección de su tía y de Gabriela Mistral; en resúmen, el periodista informa que entre las pertenencias de Gabriela Mistral hay alrededor de 400 carpetas, se han escaneado 500 cartas inéditas y 78 poemas de los cuales, ahi van estos dos...(Publicados en extenso por el Mercurio hoy domingo 22/07/07)
Nótese que en ambas habla de sí misma.
Enferma
Lucía ya no baja nunca.
Ahora no brilla en su Puertay no desciende mordiendo
las escaleras como saeta.Tiene sed y no baja al pozo.
Guarda su reino y no se acuerda.O bien se acuerda y se ha quedado
entrabada como la yerba.Será tan otra así tendida,
de la Lucía verdaderay callada, tan diferente
el cuerpo suyo,ramo de fiestas.
Estará blanca de no mirara las cosas que son violentas,
de no coger vestidos rojosy no voltear jarros de greda.
Se irá olvidando, si no se alzadel cogollo de su cabeza
y de cuando cortaba el vientocon su alzada de gran cierva.
Viudos de ella y sordos de ella,preguntamos todas las cosas
que la cargábamos, ligeras:yo, la hora del mediodía,
yo, su patio con la ceiba,yo, el umbral de su pisada,
yo, su Puerta que la medíay me cogí su cabellera,
yo la dueña de su relámpago,yo pobre Puerta, su Puerta,
y nosotros, secos umbrales
que crujíamos solo de ella.CASANDRA
A las puertas estoy de mis señoresblanca de polvo y roja de jornadas,
yo, Casandra de I1ión a la que amaronen su patria los cerros y los ríos,
la higuera oscura y el sauce pálido,el cordero del mes y el cabritilla,
el huérfano y también lo inanimado.También la hora y el día me amaron,
menos el día yerto del exilio.Al primer carro de los vencedores
subí temblando de amor y destinoen brazos del que amé contra mí misma
y contra llión, la que hizo mis sentidos,y cuando ya mis pies no la tocaron
mi Patria enderezada dio un vagidocomo de madre o hembra despojada:
voz de ciervo o leoncilloternerillo o viento herido.
Miré el tendal oscuro de mi razay tales rostros no me vi en los bárbaros.
Todo me amaba dentro de mi castay sobre el rostro de I1ión todo fue mío:
dátil de oro y semblantes de oro,las islas avisadas, los riachuelos.
Pero yo, para ser la hembra eternano amé el amor y he amado al enemigo.
El vencedor cuyo rostro da frío
en su carro me trajo y en su pecho,
y he cruzado arenales y bajíos,
y las aldeas arremolinadasal eco de mi nombre ya maldito,
y yo no las he visto ni escuchadode traer en mi bien los ojos fijos
y de venir recitando mi muertecomo un refrán desde niña sabido.
Escucho tras de las puertas de broncelos pasos de la hembra que se acerca
y que me odia antes de haberme visto.Tampoco en la Tebas le valen puertas
de bronce a la mujer apercibidapara no oír la hora que. camina
sin sesgo hacia Casandra y Clitemnestra..Yo soy aquella a quién dejara Apolo
en pago de su amor los ojos lúcidospara ver en el día y en la noche
y ver lo mismo arribar su venturaque su condenación. Así Él lo quiso.
Todo lo supe y vine a mi destinosabiendo día y hora de mi muerte.
Vine siguiendo a mi enemigo y dueño.rehén y amante, suya y extranjera,
sabiendo de su muerte y de mi muertey de la eternidad de ambos hechos.
A las puertas estoy oyendo el pasoDe la hembra que me odia ames de verme
escuchando los pasos presurososDe la que ya apuró su vaso rojo
Y viene en busca del segundo sorbo.¡Voy, voy! Ya sé mi rumbo por la sangre
de Agamenon que en su coral me llama.
Tampoco la mujer apercibida
que está golpeando a las puertas extranjerasdejó de oír la hora que venía y venía
recta hacia ella y Clitemnestra.Todo lo supe y vine a mi destino
recta hacia el sitio de mi acabamiento.Sin llanto navegué por mar de llanto
Yo vine, aunque bien sabíay bajé de mi carro de cautiva
sin rehúsa, entendiendo y consintiendoNo vale iguay! el bronce de la puerta
para que yo no vea a la que vienepor camino de mirtos a buscarme
ebria de odio y recta de destinoLa mujer sanguinosa me detestaba
pero es la sangre de él la que me ciñey el hilo del coral quien lleva
consigo a aquella que es rehén y amaday las puertas se cierran sobre aquella
que de veinte años lo tuvo sin amarloy a quien yo amé y seguí por mar, islas,
penínsulasy aspirando en el viento del ábrego
la bocanada de la patria suya.Vi Atenas antes de tocar su polvo
y veo la chacala de ojos bizcos,le veo la señal apresurada
y el botín de mi cuerpo en sangre tinto.Ya abre las puertas para recibirnos
según recibe el cántaro resecoel chorro de su cidra o de su vino,
con tu cuerpo gastado cual las rutasdeseada fui como la azul cascada
que ataranta los ojos del sediento.Ya estamos ya, los dos, ricos de púrpura
y de pasión, ganados y perdidos,todo entendiendo y todo agradeciendo
al Hado que sabe y me salva.Ya me tumban tus sanguinarios siervos
y ya me levantan en faisán cazadopero el alto faisán de tu deseo
después de su rapiña y de su hartazgote dejará en las manos de sus siervos
y volarás conmigo los espaciosricos de éter y de constelaciones.
Antes del alba habré recuperadoyo al Agamenón, al rey de hombres
en él voy de vuelo, ya voy de vuelo.
Gabriela Mistral
















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