Ya eres viejo si tienes más de 35 años.

Enviado por Fernando A. Frías González el 24/06/2009 a las 15:03
Fernando A. Frías González

La discriminación por orientación sexual, género, color o discapacidad cuenta con un alto grado de concienciación social. Sin embargo existe otro tipo de discriminación igualmente criticable, pero más invisible que los anteriores: la que atañe a la edad. En este campo no hay suficiente sensibilización.

Una generación de trabajadores en sus 30 y 40 años llegó más bien tarde al mercado laboral, pero hoy encuentran un techo temprano. Representan las contradicciones de un mundo con una mayor esperanza de vida, más necesidad de fuerza laboral que financie las pensiones del futuro.
Es un problema que en Europa intentan combatir, penetrado incluso en la agenda política de algunos países. En el Reino Unido, Israel, Nueva Zelanda y los países nórdicos estos debates ya han tenido lugar. Y, en general, la solución ha sido eliminar los topes de edad para acceder a los cuerpos de policía.


En las ofertas de empleo resulta cada vez más difícil leer mensajes del tipo "absténganse los mayores de 40 años". La ofensa es demasiado evidente. En la práctica, sin embargo, la edad se sigue teniendo muy en cuenta a la hora de decidir la contratación de un empleado. Eso ha ocurrido, ocurre y probablemente ocurrirá en el sector privado. Para las asociaciones, lo realmente grave es que esos topes de edad se exijan (y se expliciten) en el acceso a la Administración pública. Sobre todo si se tiene en cuenta que ésta, en principio, debe ser garante de la igualdad y no una limitación de acceso al derecho al trabajo.

Los límites de edad excluyen a personas de gran valía profesional. La razón es que una persona necesita tiempo para formarse, y cuando se incorpora al mercado de trabajo encuentra cerradas algunas puertas.

Es falso que el máximo rendimiento se alcance antes de los 30. Esta el casos de deportistas que, superada esa barrera, alcanzaron altas cotas. La tenista Martina Navratilova, por ejemplo, ganó el US Open en 2006 a falta de un mes para cumplir los 50.

Hay un argumento que los expertos consideran definitivo: los límites de edad son innecesarios, porque las propias pruebas físicas ya se encargan de eliminar a los menos aptos. Es decir, se trata de aplicar la selección natural y no normas que consideran injustas.

La percepción de los ciudadanos contribuye a perpetuar esa manera de funcionar. Hace dos años, la Unión Europea publicó un Eurobarómetro especial sobre discriminación. Había preguntas específicas sobre la edad. Los resultados son reveladores: el 57% de la población europea considera que los mayores de 50 años no son capaces de trabajar de forma eficiente. Por el contrario, el 49% de los europeos cree extendida la discriminación por edad. Y señala que es uno de los factores de discriminación que más afecta en la contratación de una persona.

La discriminación por edad es un gran despilfarro de potencial humano, hay que quitar la imagen de que los trabajadores de más edad sólo son otro grupo vulnerable que requiere especial atención.

Una vez superada la frontera de los 45, precisamente, el trabajador puede encontrar varios escenarios: o ya no se le considera tan válido como antes, o sucumbe ante el empuje de los más jóvenes, o resulta más caro de mantener y por tanto, la empresa tiende a deshacerse de él en lugar de capitalizar el valor humano que tienen, las empresas se mueven en términos netamente economicistas.

Los 50 años es el estándar internacional para estudiar esta clase de fenómenos. Expulsar  del mercado laboral a las personas que están en plenitud de sus facultades es obviamente un despilfarro de recursos y, en muchos casos, un verdadero drama humano.

Lo que esconde la discriminación por edad so prejuicios, un estereotipo de la persona mayor: que es más costosa, que le cuesta más adaptarse a un mundo cambiante... Y esa idea se ha extendido sin que nadie la haya puesto en duda.

Se dan dos reacciones contrapuestas. La gente joven piensa que los mayores no sirven para nada. Y los mayores se sienten poco aprovechados y creen que los jóvenes saben muy poco o nada.

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