Esta situación se debe a una combinación de factores:
La terapia antirretroviral aumentó la expectativa de la vida de las personas seropositivas -infectadas con VIH.
Los fármacos que favorecen la erección masculina prolongaron la actividad sexual en las personas mayores, pero esta población aún no tomó la suficiente conciencia de la importancia del uso del preservativo.
Los profesionales de la salud no suelen indagar a las personas mayores sobre sus conductas de riesgo -sexuales y/o adicciones-, por lo que el diagnóstico suele darse tardíamente, presentándose un curso más severo y menor sobrevida.
Las manifestaciones clínicas de la infección por HIV -astenia, anorexia, pérdida de peso, trastornos de la memoria, por ejemplo- suelen atribuirse a otras enfermedades prevalentes en los adultos mayores.
Los profesionales de la salud no suelen pedir pruebas de VIH-SIDA en las personas mayores. Asimismo, los pacientes suelen sentirse avergonzados para pedir la orden de un examen o con miedo para realizar el estudio.
Escasean los datos y las campañas de prevención.
Datos elocuentes
“El VIH-SIDA en la vejez es un tema que preocupa y se habla bastante poco. Hay menos VIH, por los tratamientos antirretrovirales, pero la edad de las personas infectadas aumenta en el mundo entero. El SIDA aumenta en edad y se feminiza -hay mayor cantidad de mujeres infectadas-”, destacó Liliana Gastrón, directora del doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad de Luján, y profesora de la Universidad Isalud y de la Universidad Nacional de Entre Ríos. Gastrón que “en un informe epidemiológico de la Ciudad de Buenos Aires del año pasado se indica que el 12 por ciento de los diagnósticos de la enfermedad se dieron en personas mayores de 50 años, mientras que el 13 por ciento se registró en adolescentes, con lo que se observa un aumento en las edades extremas”.
Respecto a la escasez de datos, Gastrón sostuvo que “hay muy poca información sobre esta infección en adultos mayores, los datos están concentrados en la franja de 15 a 49 años, y una de las causas es porque los profesionales de la salud no preguntan a los pacientes mayores sobre sus conductas sexuales, mucho menos a las mujeres mayores, la prueba de detección de SIDA no forma parte del examen rutinario y no hay campañas de prevención dirigidas a la tercera edad”.
Las barreras
Gastrón -quien dicta charlas sobre “HIV-SIDA en mujeres mayores” a profesionales que trabajan en el PAMI- sostuvo que “hay muchas barreras de los profesionales de la salud, quienes no reconocen la vida sexual de las personas mayores, como si después de la edad reproductiva no se tuviera sexo, y esto es ridículo cuando hoy la expectativa de vida supera los 80 años y más con la comercialización de los fármacos para contrarrestar la disfunción eréctil”.
Al respecto, la profesional indicó que los hombres que usan estos fármacos “muchas veces suelen recurrir a trabajadoras del sexo y a prácticas peligrosas porque en su generación no usaban preservativo, después vuelven a sus casas y contagian a sus mujeres”.
De igual forma, la especialista remarcó que en el caso de las mujeres “también suelen recurrir a prácticas peligrosas -relaciones sexuales sin preservativo- cuando tienen alguna relación ocasional, dado que son mujeres de 50 años y más, sin pareja, divorciadas o viudas, pero como ya pasaron la edad reproductiva no se cuidan sin tener en cuenta que pueden contraer el VIH”.




*Por Natalia Muñiz periodista de 











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