Desde un tiempo parecías no verme, miraba con abnegación tus ojos hundidos y tu mirada perdida, acariciaba tus manos que estaban tibias pero ya no suaves ni generosas de amor..., ya no veía tus ojos luminosos y esa sonrisa que me regalabas cada día.., sí, ya no estaba; No poseías nada y para mi en ese momento lo eras todo.., ahí supe qué tan profundo es el amor que sentía por ti, y hoy dejo esta flor en este lugar donde tu cuerpo se une al aire y a la tierra, pero tu alma quedó en mí, y allí se quedará acompañándome hasta mis últimos días en que quizá Dios me regale el volver a encontrarte en toda tu dicha y tu pródigo amor.., mamita mia.
Me haces falta madre mia...
Manuel
















Manuel:
Muy bonitas tus palabras y muy sentidas, con seguridad tu madre las ha recibido y las habrá sabido apreciar en toda su magnitud. El amor de un hijo es algo tan fuerte que, con seguridad, va más allá del tiempo y el espacio.
Un saludo cariñoso.
Maria Eliana