Iba, como siempre iba por esos caminos tan conocidos, caminos de antaño, de los recuerdos de la niñez, un camino que llevaba a la orilla del río Claro. La bicicleta, reposando, esperaba que él se bañara un largo rato cerca de los inmensos sauces llorones -ciertamente que lloraron su extinsión que ocurriría al aumentar la inconciencia humana-.
Partían, bicicleta y hombre, frescos de vuelta a los caminos y senderos, y así por años, hasta que un día ante ellos apareció una muralla que violentamente les impidió el paso... Él hoy yace tendido en una cama de hospital (paraplejico) y la bicicleta yace en un rincón perdida... añorando el rodaje por los caminos.
Mente y máquina unidos en el mismo dolor por siempre.
















Que triste
Lamentable final para un deportista, tal vez chocó, porque no se fijó.
Motivos sobran...
Para caerse de una bicicleta los motivos sobran. Pero el escrito no habla de motivos, habla de accidentes que suceden quién sabe porque.
Y así fue que el hombre que andaba en bicicleta dejó de pedalear...
Bendita bicicleta
Aquel artilugio rodante tiene algo de espectacular, su forma extraña, ese girar acompañado siempre por la que la precede o la antecede... esa estructura maravillosa que permite que sus aterrizadas circunferencias se acompañen siempre siendo cómplices en la huida precipitada, o en el esfuerzo descomunal para llegar al deber, o para salir en loca carrera cortando el viento compañero y otear el horizonte todo plañidero de aventuras y descubrimientos en ese manto de colores dignos de la más excelsa paleta nunca jamás vista y presente ante los ojos míos que dan fe que están invitando a todos a descubrir y a agradecer una vista tan maravillosa.- Amigos/as… las cosas suceden… que raro misterio hay detrás de esto nos preguntamos... y es cuando empezamos a conocer el otro ingrediente de ese cuadro fantástico que se denomina vida. El exceso de amor que rodea al hombre está presente en forma insospechada muchas veces y permite que sucedan cosas para entender mejor algunos estadios en los cuales no hemos entrado. Allí es cuando conocemos el valor de la entrada, allí es donde nos damos cuenta de lo ricos o pudientes que podemos ser porque estamos pagando palco para contemplar el espectáculo y nosotros mismos somos participantes en este juego maravilloso de ir tras el aplauso o la rechifla. Estamos caídos desde el vehículo pero estamos subiéndonos a otro transporte que nos llevará más lejos si sabemos entender el motivo del próximo viaje. -descuido-accidente-misterio-
La verdad es que el hombre recién ha comenzado a pedalear.
¿Y todo ese mundo de palabras a raíz del hombre que andaba en bicicleta?
Gracias por tu artículo tan lleno de filosofía.
Me pregunto si la prosa anterior fue escrita a raíz del "hombre que andaba en bicicleta", del misterioso hombre que iba por el mundo en bicicleta. Dicho artefacto está sin vida desde el día del accidente. Y creo que llora, fantasmal, del dicisiete de setiembre la ausencia definitiva de quién la pedaleaba. coti_50@yahoo.es Noelí.
El Hombre que andaba en bicicleta...
El hombre que andaba en bicicleta siguió el camino de las nubes el diecisiete de setiembre de 2009, a las diez de la mañana. Se fue tarde. Él era madrugado, esperaba, quizá, volver a ver su máquina de dos ruedas, a su hogar y lugar de nacimiento. Pero no pudo volver, sino en un cajón llevado a pulso por quienes lo querían, sus amigos en la ruta d ela vida.