
Logré tomar esta imagen para compartirla con ustedes, una tarde en Santa Augusta de Quintay, nublado, y la luna tratando de hacer su aparición entre las sombras. Todo en calma, hasta los corazones. Estuve conversando con mis nietos acerca de lo difícil que es, hoy en día, la comunicación, cuán mal nos interpretan cuando, los mayores, damos un consejo o una opinión. Dicen ellos que están cansados de escuchar lecciones, que no les sirven, que tienen que lograr sus propias experiencias para aprender. Aprender de la vida misma. Les doy entera la razón, porque tampoco a mí me sirvieron los consejos y tuve que golpearme para entender muchas cosas. Entre ellas, que el amor todo lo puede y que no vale la pena, bajo ningún punto de vista, guardar rencor por algo que se supone injusto. El optimismo y las buenas vibras me han servido mucho más y a eso me atengo cuando alguna pena me aqueja, da excelentes resultados, les aseguro.
















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