La violencia que se vive en los espacios públicos, puede deberse en parte a las madres ausentes: esas que se quedan en casa, mientras sus hijos viven la mayor parte de su tiempo fuera de ésta.
Aunque parezca una contradicción al discurso de generaciones, que ata a la mujer al hogar para que cuide a sus hijos, es importante pensar que sólo los muy pequeños están allí. Los otros quedan desprotegidos en un ambiente guerrero y crecen en la cultura de la competencia que, a menudo, se identifica con lo masculino.
Los niños salen al mundo exterior, mientras sus madres se quedan en casa para protegerlos. Ese es el contrasentido. Posiblemente la comida esté lista a tiempo y el aseo muy bien hecho, si son ellas las que desarrollan estas tareas. Sus hijos mientras tanto, deben adentrarse en un mundo con muy poca presencia de lo femenino, un ambiente de caza, donde falta la acción y la visión de las mujeres que tienen más desarrollado esta forma de ser.
Es indispensable la presencia de lo femenino para lograr el equilibrio con el aporte también valioso de lo masculino. Ese equilibrio que también debe estar dentro de casa, compartiendo ambos padres la educación de los hijos y el trabajo doméstico.
¿Hasta cuando las mujeres van a abandonar el espacio público, aquel donde se toman las decisiones más importantes que afectan a sus hijos, para cuidarlos en casa cuando ellos no están?
La acción pacificadora es indispensable, si queremos menos violencia. Y cuando la mujer actúa fuera de casa, es importante también que no se olvide de hacerlo desde lo femenino. Muchas veces para sobrevivir en este mundo externo se transforman también en guerreras y están lejos de entregar ese aporte de tranquilidad, esa visión conciliadora y amorosa que tanta falta hace allí.















Violencia en las calles.
Estimada Violeta, Es muy cierto lo que comentas, pienso que las madres estan preocupadas de la vida tan agitada. Por eso se les olvida que deben dar amor, educación y darles valores a sus hijos, sin descuidar las labores de casa.