Cuento en más de 100 palabras: "Ya no sonrío"

Enviado por Rebeca Tiquer Drullinsky el 29/03/2009 a las 17:33
Rebeca Tiquer Drullinsky

Me recibe con la mirada hosca, pienso que me odia por interrumpir su descanso casi eterno. Con el teléfono aún en su mano, dice con un tono de reproche, que no ve que estoy ocupada, sonrío y me retiro, espero pacientemente que cuelgue el teléfono y me acerco... pero me muestra el letrero donde dice claramente: atención de público solo hasta las 14° horas. Cierra la ventanilla sin formular ni una palabra. Sonrío nuevamente y camino hacia la calle. Espero el transantiago que me deja a 12 cuadras de mi casa; pasa de largo, resignada espero por media hora sin perder la sonrisa.
Por fin logro subir pero quedo de pie, después de media hora llego a mi destino, camino las 12 cuadras ya estoy frente a mi casa todavía sonrío abro la cartera y me doy cuenta que me robaron el dinero y los documentos. Ahora si que no sonrío, las lagrimas corren por mi rostro sin poderlo remediar.

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Que bueno que hayas tocado este punto

Enviado por el 30/03/2009 a las 21:09
laura margarita

Sí, estamos muy desprotegidos los mayores activos y debemos tomar muchas precauciones, entre otras manejar el menor dinero posible, si andamos en buses o metro, llevar tarjetas en diverso sitio del dinero y el carnet, ojala interiormente ya si llegan ahí, no hay más nada que hacer, porque además te van a abusar.
Pero tampoco podemos invalidarnos por eso, sólo tomar más precauciones, por acá, las mujeres hemos sufrido asaltos, yo misma, al llegar a la puerta de mi casa, el tipo salió de las sombras y eso te deja un año aterrorizada, hasta que te das cuenta, que por lo menos fue amable y te trató bien y como te digo, no te puedes conmocionar, ni asustarte, son cosas que pasan y hasta la gente que anda en auto, está expuesta, imagínate, uno en metros y Transantiago.
Al principio vas a estar desmoralizada, pero se supera, muchos cariños y me agrada mucho tu labor, años atrás enseñé a adultos, como voluntaria y es muy gratificante cuando aprenden a leer. Gracias por recordármelo, es una alegría demás que ellos están más motivados y aprenden más rápido, que un niño. Muchas veces.
Sigue sonriendo!


A Laura

Enviado por el 02/04/2009 a las 10:40
Rebeca Tiquer Drullinsky

Laurita, en realidad mi relato es sólo un cuento, para retratar lo que les ocurre a diario a tantos y tantos seres anónimos en cualquier servicio. Algunos resignados no pierden el humor, esperan largas horas para no ser atendidos, caminan muchas cuadras para llegar a sus hogares y hasta son robados como nos ha ocurrido a muchos.

Leí uno de tus poemas y supe más de ti; viajo a veces a Peñaflor, pues tengo amigas que viven en esa bella comuna.


Que bueno que hayas tocado ese punto

Enviado por el 02/04/2009 a las 19:57
laura margarita

Entonces, tal vez también nos podamos conocer y me alegro tanto que sólo haya sido un relato, es que estas muy entusiasmada con tu labor y una mala experiencia no debe frustrarte, eso me había inquietado.

Estoy en las mañanas, frecuentemente frente al juzgado de Peñaflor y otras en talagante.


A Laura

Enviado por el 03/04/2009 a las 17:54
Rebeca Tiquer Drullinsky

¡Que bueno que podamos contactarnos por este medio y tal vez concernos personalmente! Este sábado me reúno con mi grupo en casa de una de mis amigas de Malloco si lo deseas estaré por la tarde desde las 16:30 horas. En Toribio Larraín 1097. Esto queda en la primera cuadra de Vicuña Mackena antes de la línea del tren. Un cordial saludo de Rebeca Tiquer D.


¿Y por qué tanta sonrisa?

Enviado por el 12/04/2009 a las 14:38
vilma dorothy del rio astete

Yo no soy de esas personas que todo lo toman resignadamente, cuando veo injusticia me hago respetar, se que esto es un cuento, pero el adulto mayor que se deja atropellar, está faltando él mismo al derecho que tenemos todos los seres humanos y aún más el adulto mayor a ser atendido con la dignidad que se merece, si no lo hacemos y lo permitimos, esto y lo que venga será nuestra culpa.

Respetemonos, nosotros mismos y nos respetaran, no dibujemos una tierna sonrisa de paciencia, digamos amablemente, ¡señor aquí estoy y necesito su atenciòn!... Ya verán, todo cambiará

Saludos para todos, una amiga que no le gusta ser atropellada y que cuando sonríe, es para dar las gracias por una amable atención.


Responder a Vilma Dorothy del Río Astete

Enviado por el 15/04/2009 a las 18:37
Rebeca Tiquer Drullinsky

Querida Vilma, con este cuento quería llamar la atención precisamente, sobre lo que no se debe hacer. Nadie puede permitir un trato tan vejatorio como el que se muestra en el cuento, muy por el contrario, exijir una atención digna, tal como tú lo haces ver.

Gracias por el comentario tan bien expuesto. Rebeca Tiquer D.


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