(Lo que sigue está tomado de nuestro artículo homónimo publicado en Revista Mensaje, Septiembre 2001, Vol. L, N° 502; reeditado por la Sociedad Chilena de Reumatología en revista Volar, Año 7 N°10, Noviembre 2001. El texto original y completo se encuentra en www.enhancingpeople.com, botón Publicaciones).
En el lenguaje común se entiende por optimismo la propensión a juzgar y a ver las cosas en su aspecto más favorable. En la literatura de auto-ayuda se tiende a considerarlo como sinónimo de «poder mental positivo", es decir, el que se logra a fuerza de repetirse uno mismo, una y otra vez hasta autoconvencerse, que todo irá bien, independientemente de cómo estén marchando las cosas en la realidad.
En psicología, el optimismo-pesimismo tiene un significado distinto y más específico que los anteriores: alude a la forma en que nos explicamos a nosotros mismos los contratiempos, el fracaso y la adversidad.
Martín Seligman, el fundador y líder del movimiento Psicología Positiva, sostiene que el pesimismo es un estilo de pensamiento caracterizado porque la persona se explica la adversidad como algo permanente ("esto que me ocurre me seguirá ocurriendo siempre"), universal ("esto afectará todos los aspectos de mi existencia") y personal ("yo soy la causa de todo este mal"). Esta forma de pensamiento da como resultado la indefensión y la desesperanza. La persona se convence de que cualquier esfuerzo resultará inútil para cambiar las cosas.
Por el contrario, el estilo optimista de pensamiento explica la adversidad como transitoria ("en algún momento esto pasará"), específica ("este evento negativo no destruye toda mi vida") y externa a la persona ("no soy yo el culpable de que esto ocurra"). Esto permite mantener viva la esperanza y sentir que es posible el cambio. La esperanza hace que la persona esté dispuesta a ponerse de pie, a continuar desplegando esfuerzo, a buscar alternativas y a persistir frente a la adversidad.
















He pasado por ambas situaciones
Por mucho tiempo estuve en la vereda de los pesimistas me eche todas mis culpas y las del mundo encima, pero ahora me pasé para la vereda de enfrente, ya no me siento culpable de nada (eso tan solo Dios lo sabe y me juzgará llegado el momento) sobre mi estado de salud actual pienso que es algo transitorio y que en gran medida mi recuperación dependerá de mi, y un evento negativo que me encuentro enfrentando, de índole familiar, no tiene porque destruir mi vida, yo ya estoy de salida y los que empiezan recién a enfrentarse a la vida es muy bueno que dejen de apoyarse en mí. Bastantes tareas he desarrollado en mi vida para seguir cargando maletas ajenas, si esto se toma como un estado de inconciencia, a lo mejor eso es, el haber sido demasiado conciente de mis responsabilidades me ha pasado la cuenta y ahora que me encuentro enferma he sabido que sólo yo tengo que cargar con mi problemita y eso también es positivo, porque cuando te acostumbras a vivir apoyado siempre en los demás (que jamás ha sido mi caso) te invalidas como persona. Muy bueno tu artículo me ha ayudado a ordenar un poco mis ideas y a ver que si yo llegara a faltar un día el mundo seguirá funcionando para todos y tal vez un poco mejor