Derechos humanos v/s deberes humanos

Enviado por Enrique Muñoz Abarca el 13/09/2008 a las 1:02
Enrique Muñoz Abarca

Hola, amigos ligueros!
     Quiero compartir una reflexión con ustedes por un caso que nos tocó observar hoy mismo en la mañana cuando, aprovechando una ruta de trámites y en bicicleta, nos dimos con mi esposa unas buenas vueltas por el Parque intercomunal de La Reina. Y lo voy a hacer ahora mismo para no quedar con la bala pasada...
    Estaba realmente hermoso (siempre lo está), pocos visitantes todavía, buen aire  (no era más de las 10:00 de la mañana), temperatura justa,  bien mantenido, vista despejada a la cordillera, vigilancia efectiva y una primavera que empieza a reventar su floración en los frutales principalmente. Una enorme variedad de pájaros cantores contribuían con un telón acústico a la medida.

    Empezó a llegar entonces público  para hacer uso de los quinchos del sector sur y algunas empresas de eventos ya laboraban en los preparativos de lo que sería, creo, un almuerzo institucional masivo. Hasta ahí, todo bien.
    De pronto aparecen un par de autos con varios muchachos en edad universitaria. Primero, a una velocidad que no corresponde a un sitio recreacional, con la radio "a toda penca" y ocuparon un sitio para asados. Cuando completamos una segunda vuelta, un grupo ya se estaba ocupando del fuego y los preparativos iniciales y, al mismo tiempo, ya se habían mandado al buche una buena cantidad de "chelas", lo que nos hizo suponer que con suerte llegarían vivos y enteros al medio día (tenían un buen arsenal de municiones)
    Pero el broche de oro lo ponía uno de ellos. Estaba dentro del vehículo, con el respaldo estirado como camilla, "chela" en mano y el reguetón al máximo de volumen que permitía el equipo del auto. Contaminaba acústicamente, por supuesto, a lo menos a 50 metros a la redonda.
     Conclusión: creo que todos tenemos derecho a esperar espacios verdes  agradables y bien equipados como el Parque Intercomunal pero, al mismo tiempo, eso implica ciertos deberes básicos ineludibles. Porque los derechos humanos parten por los deberes humanos, por el respeto al compartir un espacio común.
    Quedamos convencidos que ese "pastelito" que les acabó de describir no tendría derecho a compartir un espacio común en tales condiciones, porque igual se podría emborrachar y escuchar regetón hasta romperse los tímpanos en su propia casa. Y le saldría más cómodo y más barato.
    Si le hubiéramos preguntado ¿Qué te pareció la bullaranga de los loros que estaban en el nogal, sobre tu cabeza?, seguramente la respuesta habría sido: ¿Qué loros, compadre, que onda...?

Comentarios de este artículo en RSS