Mi amiga Toya, fue una de mis tantas amigas de toda la vida, se fue hace pocos días, se marchó silenciosamente, su vida se iba apagando, se iba consumiendo, de aquella mujer parlanchina, vivaz, buena para la talla, suspicaz y a veces mordaz, solo quedó una viejecita que con los años transcurridos había sido madre, abuela y bisabuela, dejó muchos descendientes, que hoy la lloran y la recuerdan, dejó muchos recuerdos, anécdotas, vivencias.
Su vida estuvo matizada de diferentes episodios, supo lo que es ser madre, a muy temprana edad, tener una familia, criar a sus hijos, perder al esposo y seguir adelante, en suerte sin problemas económicos, pero con la tremenda carga en las espaldas, de ser el pilar para los hijos.
Tuvo buenos y malos momentos como todos los seres humanos, vivió cómoda y pacíficamente, pero también amó sufrió y lloró como la mujer que además de ser madre, también es mujer, que necesitó amar y ser amada.
Descansa en paz, querida amiga.
















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