Comparto con ustedes un cuento que recibí por correo electrónico
Había una vez un vampiro que tenía fama de ser muy exitoso en esto de conseguir dadores voluntarios de sangre. Un día, en la comunidad de vampiros, lo vieron pasar todo ensangrentado y todos morían de envidia por sus logros.
Tan ensangrentado estaba que al fin decidieron nombrarlo rey de los vampiros, ya que ninguno de ellos representaba mejor a la comunidad.
El día de la coronación, llega un vampiro de otro pueblo y se acerca a hablar con el que estaba bañado en sangre. Le pregunta:
-¿De dónde sacaste tanta sangre?
-¿Ves aquella pared de allá?
-Sí.
-Pues yo no la vi.
Nuestras creencias, ideas, pensamientos, sensaciones y experiencias previas de alguna manera “determinan” nuestras percepciones. Vemos lo que creemos.
Por otro lado, en reiteradas ocasiones, nos quedamos con los resultados de las cosas, pero no analizamos los procesos, los medios por los cuales llegamos a esas metas. En el ámbito organizacional es común, más de lo que creemos, escuchar. “alcanzamos los niveles más altos de ventas este año”. Perfecto, felicitaciones, pero, a veces, el costo y los recursos utilizados no son los mejores: baja satisfacción laboral de los colaboradores, uso de prácticas laborales al filo de la ley, coimas, etc. Contrario el postulado maquiavélico, digo “el fin no justifica los medios”. Los resultados son relevantes, pero también lo son los procesos, ya que los indicadores de una organización, no son sólo financieros. Hoy en día, existen herramientas para medir la gestión, que evalúan también indicadores de procesos.
















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